La crisis económica de Venezuela es una de las más anómalas en la historia de América Latina debido a la gran cantidad de distorsiones que se originaron producto de la política monetaria, fiscal y comercial externa del gobierno de Nicolás Maduro.
La decisión del Gobierno de financiarse a través del Banco Central de Venezuela con bolívares emitidos de la nada, sin revertir el déficit fiscal del Estado (20.000 millones de dólares) y expandiendo la liquidez monetaria (dinero circulante) para hacer más gasto público, provocó una devaluación acelerada de la moneda nacional, puesto que la economía venezolana se saturó e inundó de una oferta de dinero demasiado alta para la capacidad de producción, demanda y abastecimiento del mercado interno, aunado a que esa liquidez en bolívares no se corresponde con el caudal de dólares que entra al país, que ha ido mermando progresivamente desde 2014 con una contracción acumulada del producto interno bruto (generación de riqueza e ingresos nacionales) que cerrará 2019 en 63%.
Y con el bolívar devaluándose aceleradamente en un 15.000% frente al dólar desde hace dos años, ha proliferado la creciente tendencia al negocio de la venta de productos y bienes importados en muchos locales comerciales de las principales ciudades del país: Maracaibo, Caracas, Valencia, Maracay, que a su vez son las más dolarizadas, con Maracaibo en el primer lugar con un 86% de sus transacciones diarias en moneda estadounidense).
Según el economista José Miguel Farías, director de la firma de análisis bursátil Rendivalores, con sede en Caracas, este fenómeno se explica por la siguiente razón:
«Un tipo de cambio real alto abarata los bienes producidos a nivel doméstico haciéndolos más competitivos a escala internacional. A la inversa, un tipo de cambio real bajo encarece la producción local, favoreciendo las importaciones. Este último es el caso actual de Venezuela», argumentó el experto en su cuenta de Twitter.
Un tipo de cambio real alto abarata los bienes producidos a nivel doméstico haciéndolos más competitivos a escala internacional. A la inversa, un tipo de cambio real bajo encarece la producción local, favoreciendo las importaciones. Este último es el caso actual de Venezuela.
— José Miguel Farías (@Jmfariasu) December 16, 2019
Ricardo Serrano
