miércoles 8 de febrero de 2023

¡ZULIA HISTÓRICA EN NAM! Conoce la fascinante historia de “El Muñequero de Maracaibo” Otto Ríos: Reveladores datos de la vida y muerte de este valor zuliano

“…mi despedida es temporal, pero, en el caso negado yo no regrese físicamente, no piensen que no estoy, porque, desde el jardín donde me encuentre estaré con ustedes…Les amo infinitamente, ustedes son, después del amor a Dios, mi mayor logro…Visítenme a mi mamá, me le llevan pan, ustedes saben de cual, y no se olviden de elevar una oración por la humanidad y por mí, lo que los quiero es verga”.

Este extracto fue tomado de la carta que dejó a sus hijos y a su esposa antes de su viaje inimaginablemente sin retorno a la isla de Cuba, donde fue invitado por el Centro Provincial de Cultura de Pinar del Río para la inauguración del Centro Cultural ‘Zobeyda la Muñequera’, con quien se fue para este anhelado viaje a impartir sus conocimientos y toda la energía con la cual era capaz de resucitar a un muerto haciendo uso, como estrategia pedagógica, de la confección de muñecas de trapo.

Cual persona que ha recibido una revelación, antes de su partida a Pinar del Río, Cuba, Otto fue dejando todas sus cosas en orden. Su labor de oficinista de años en el Instituto de la Vivienda de Maracaibo (IVIMA) le transformó en un ser extremadamente ordenado. Usaba dos agendas; una de bolsillo que nunca le abandonaba y otra más grandecita que era su agenda de oficina, donde lo anotaba todo.

Otto fue dando señales de que se iría para no volver, pero, nadie captó esas señales. Solo después que se supo de su muerte súbita en el Hotel Punta de Piedra, Provincia de Bahía Honda, Cuba, fue que su entorno comenzó a atar cabos.

Esa carta fue una clarísima despedida de su núcleo familiar. Cuentan sus hijos que, cuando lo despidieron el día 03 de octubre de 1999 en el aeropuerto La Chinita, los muchachos subieron a la terraza a comprarse un café con leche. Pero, como era tan temprano, en el restaurante no tenían vuelto. Tres llamados hicieron para el vuelo de papá y cuando los chamos corrieron a despedirlo llegaron tarde, ya papá había entrado a la zona de embarque. Tenía que ser así, eso justificaba la existencia y la etimología de esa carta.

Sus hijos lo acompañaron en todos los preparativos para el viaje. Él compró su pasaje con salida para Caracas y La Habana el día 03 de octubre de 1999 y con retorno para el 02 de noviembre del mismo año.

Le caracterizaba la sonrisa y la dulzura en su trato hacia los demás. Un embajador de la solidridad con el otro.

Sin embargo, en su agenda, donde todo lo anotaba, en la hoja marcada con la fecha 31 de octubre de 1999, Otto escribió: “Posible regreso de Cuba” y luego le pasó una raya a ese escrito por encima. Tras fallecer el 26 de octubre de 1999 en Bahía Honda, Cuba, el cadáver de Otto arribó a Maiquetía y luego a Maracaibo el 31 de octubre de 1999. Cosas que no tienen una clara explicación ¿Revelación, sospecha?

Zulia Histórica en NAM se enorgullece en revivir, junto con nuestros selectos lectores la historia de Otto Ríos Márquez “El Muñequero de Maracaibo” personaje como sacado de un cuento de hadas; Abuelito de bigotes blancos como si se los hubiera manchado con un sorbo de leche, mirada profunda, vivaz y pícara como la de un carajito de siete años que estrena creyones y tiene novia en la escuela, pero, ya tenía 58 años. Voz melodiosa y particular combinación, al extremo perfecta entre el gesto y la palabra y una capacidad asombrosamente inalcanzable de convencimiento y de ganarse al otro sin importar color, raza, credo, religión o estatus.

Esta es la última foto en vida de «El Muñequero de Maracaibo» tomada en su viaje a Pinar del Río, Cuba, acompañado de Jenia, del Centro Provincial de Cultua de esa localidad.

En mala hora, precisamente en ese viaje a Pinar del Río, Cuba, el Muñequero dejó sus últimos recuerdos contagiando a toda la isla de su candor y su espectacular manera de enseñar el trabajo en equipo, la tenacidad, la espiritualidad, las capacidades, el compañerismo, la creatividad y romper el maléfico estigma de que la muñeca es solo un juguete de niñas y que los varones pecaban al tratar de fabricar un muñeco o de jugar con él. Tamaña tarea tan compleja para un varón a carta cabal como lo fue el Muñequero de Maracaibo.

Una adolescencia difícil

Fue el tercero de seis hermanos –de los de su núcleo central- hijo de un banquero de nombre Carlos Ríos de Vicente, de los fundadores de la parroquia Luis de Vicente, en Carrasquero, municipio Mara, donde vio la luz del mundo del vientre de su madre Aida Josefina Márquez González “Mamaíta”, un 07 de octubre de 1941.

Niño vivaz, pícaro y travieso. Pero, a los 13 años comenzó a padecer una enfermedad que al final fue la causa de su desafortunada, impactante y sorpresiva partida. Al nacer, el cordón umbilical lo traía enrollado en su cuello, todo lo cual, hizo que, al momento de ser recibido por su doctor, su pequeño cerebro dejara de recibir un milímetro de oxígeno generándole una lesión incurable que se manifestaba con ataques de epilepsia severa.

Picardía y vivacidad desde pequeño. Otto (Sentado a la izquierda de su madre) desde niño enfrentó los embates de su enfermedad y la trascendió de una manera impresionante.

Entonces, de carajito, a partir de los 13 a Otto comenzaron a darle ataques de epilepsia de un momento a otro y sin aviso. Aquello fue lapidario en su incipiente ímpetu de vivir el mundo.

“Él no podrá seguir estudiando –enfatizó su médico- Su lesión le limita para resolver problemas donde debe emplear a fondo el cerebro, porque ello le activará de una vez las ‘ausencias’ que lo lleven al ataque y de eso puede morir. Él no puede sacar cuentas, no puede hacer grandes esfuerzos mentales, no puede trasnocharse, no pude sobresaltase, no puede recibir emociones fuertes, no puede ingerir licor, no puede trajinar mucho, no puede y no puede y no puede…”

Rebelde y arriesgado

Tales circunstancias lo asilaron. “Me afectó que me sacaran de la escuela, me afectaba el rechazo, mis amiguitos no querían jugar conmigo, porque, les daba miedo, porque, podía darme el ataque, fue frustrante, fui un muchacho triste y solo”. Su feliz niñez, se transformó en soledad a partir de los 13 años.

Pero, o era morir bajo la sombra de la soledad obligada y la depresión o rebelarse ante el “no puedes” y Otto no dudó en optar por lo segundo. De sus hermanos fue el que se escapó de casa, el que se fue a otras ciudades solo, sin nadie más que sus compañeras diarias, el frasquito de Epamín y las tabletas de Fenobarbital de 100 Mg. Eran las medicinas que le controlaban la epilepsia.

Otto fue líder político, seminarista, oficial de policía, incursionó en los Jesuitas, incursionó en la Iglesia Cristiana Evangélica, incursionó en la Santa Iglesia Gnóstica Cristiana Universal, fue animador, fue locutor, fue maestro, fue didacta, fue promotor social, fue vendedor de Tupperware, fue el Santa Claus de todo el mundo en navidad, fue dirigente estudiantil –sin ser estudiante- fue promotor cultural, trabajó en protocolo, fue trabajador social, fue líder vecinal, fue muñequero y cuenta cuentos, pero principalmente fue padre, esposo y servidor a los demás. Embajador, sin dudas, de la solidaridad y la bondad.

Por muchos años, Otto fue el Santa Claus en cuantos colegios de Maracaibo había y en su entorno vecinal y social.

Encontró su propósito

“Un familiar de Carmen Rosa (su esposa) me dijo: ‘ahora te voy a llevar donde una prima mía, en Píritu, Portuguesa, que esa si es verdad que es una loca, una vaina medio rara. No te vas a sorprender cuando entres en esa casa; esa casa es de bloque, de barro, de madera, de palo, de paja, de lata de todo, eso no tiene forma de nada…’ Pero, entrar en ese mundo me enganchó”, Afirmó Otto para una entrevista en la revista Facetas del día domingo 14 de abril de 1991 a la periodista Nilda Silva.

“…Chica, yo quedé impactado por la forma como los muñecos le hablaban a uno –prosiguió el Muñequero su relato a Nilda- comencé a meterme en ese mundo de la ternura y a difundir el trabajo, al tiempo que la aguja y el hilo me fueron llamando y empecé a fantasear hasta llegar a elaborar muñecas”.

Es en síntesis perfecta el génesis de su oficio de Muñequero. No era tarea fácil que un hombre fuese Muñequero y hacer que otros hombres, sean niños, jóvenes o adultos de algún modo también lo fueran y mucho menos trascender al juguete. Otto no se enfocó en esa cualidad de la muñeca, sino en otras mucho más profundas que la muñeca era capaz de transmitirle al ser humano cuándo éste, al confeccionar una, es capaz de encontrarse así mismo y encontrar su camino.

Zobeyda Jiménez, reconocida muñequera, Patrimonio Inmaterial UNESCO, que en lo sucesivo llamaremos “Zoba” como todos le decían de cariño es esa misma a la que Alí Primera le compuso un tema: ‘Zobeyda la Muñequera’ que está en su disco “Entre la Rabia y la Ternura” y fue la mentora de Otto, solo que “Zoba” hacía un trabajo netamente tradicional en el esfuerzo de mantener viva una tradición milenaria en la hechura de la muñeca de trapo, pero Otto trascendió lo tradicional y lo hizo algo altamente didacta.

Con Zobeyda Jiménez «La Muñequera» Otto se inicia en el mundo de las muñecas y la fantasía.

“La muñeca de trapo es subversiva”

En esa fascinante entrevista de Nilda Silva, Otto explica con profundidad filosófica lo que para él significaba hacer una muñeca desde el punto de vista de su misión como didacta: “…tiene un significado subversivo por el hecho de que tú estás transmitiendo amor. Cuando tú eres capaz de transmitir ternura, cuando eres capaz de sublimar cariño, cuando eres capaz de ver la vida a través de una óptica clara y frágil, tú no te estás acomodando a los intereses del poder” ·

“Cuando hago una muñeca, me encuentro dentro de un mundo donde reina un compromiso de amor, me siento identificado desde el punto de vista de la honestidad, de la fidelidad y de la verdad”.

Estaban frescos los hechos del 27 y 28 de febrero de 1989 “El Caracazo” y a raíz de lo que vino después, Otto fabricó una muñeca preñada, maltratada y ensangrentada: “Ella es Venezuela, está preñada esperando que la ayudemos a parir para que se ponga bonita, como decía el cantor”.

“Yo soy macho, pero sigo siendo niño”

“Yo soy macho –advierte- nunca jugué con muñecas, pero, cuando uno, siendo adulto entra en su historia de niño se siente una sensación indescriptible y se desarrolla toda nuestra creatividad (…) La libertad del ser humano es auténtica cuando sigues siendo niño, porque con los sueños y la fantasía nadie puede…”.

La obra es del hombre y éste de la obra. El ‘trapo’ convertido en expresión fue su mayor instrumento, son cómplices de la misma idea. Otto profundizó su convicción de que los derechos del hombre y la mujer son los mismos: “La muñeca me ha ayudado a fortalecer mi lucha para romper con el machismo que uno trae a rastras, ella es mi argumento más sólido, más concreto”.

Y como en un acto de magia, pasa del cuadro filosófico a la picardía infantil: “Yo viví en la calle Ciencias, en el centro del Saladillo. Mi casa era de ventanas altas, muy bellas que tenían unos asientos de concreto para los enamorados. Allí me sentaba a ver pasar a las muchachas, a las procesiones y los carros. Recuerdo que, por allí, pasaba siempre un señor arrastrando los pies, porque, era enfermito y a mí me regañaban, porque, cuando bajaba, era imitando al viejito”.

Otto siempre fue niño, la delgada línea entre el niño y el adulto jamás se rompió, pero, él sabía muy bien cuando pasar del niño al adulto sin dejar de seguir siendo niño: “Yo fui un niño feliz. Yo iba mucho a ver a los ‘muñequitos de Walt Disney’ y cuando regresaba y me preguntaban algo, contestaba como el Pato Donald y me pegaban por esa vaina (…) pero, jugué mucho, era muy ‘metío y averiguador’, pero tímido y besucón”.

Estrategia pedagógica creativa

Aquí viene la seriedad del asunto. Otto, un niño en un cuerpo de adulto hizo de la muñeca un instrumento –ya lo dijo- con el cual fue capaz de despertar niños dormidos en centenares de seres humanos de todas las edades, condiciones sociales, profesiones, credos, condiciones físicas, psiquiátricas y aquello lo unió a la Narración Oral Escénica para, con un colofón de oro, terminar de pulir su herramienta educativa que tanto bien le hizo a la Maracaibo de los 90. Aún las escuelas, institutos, empresas, organizaciones deportivas, clínicas, hospitales, barrios, gremios, cámaras y movimientos sociales extrañan al Muñequero.

Su proyecto es un vaciado de toda la fantasía y pedagogía almacenada en su cerebro y fue Carmen Rosa Blanco, su esposa, hoy doctora en Ciencias Políticas, licenciada en Trabajo Social, a quien conoció como trabajador social en La Charneca, Caracas, quien armó metodológicamente ese difícil rompecabezas para amalgamar un proyecto educomunicativo de avanzada, irreverente, rebelde, revolucionario –de la verdadera revolución humana-

El proyecto que catapultó a Otto al éxito rotundo utilizando como elemento didáctico la confección de muñecos de trapo tradicional.

“Entre Cuentos y Muñecas” así se llamó esa propuesta fundamentada en el descubrimiento, a través –siempre de la muñeca y el cuento- de las potencialidades creativas humanas más recónditas en los seres que tuvieron el privilegio de conocerle y participar de sus talleres, quienes jamás sabían que atesoraban en sus existencias esas potencialidades y cualidades. Con Otto la gente se reconocía a sí misma y descubría habilidades que desconocían tener. Cualquiera se abría con él y despertaba tal confianza en el otro, que Otto llegó a ser confidente de centenares.

Otto libró gente del suicidio, Otto curó esquizofrénicos, unió matrimonios a punto de divorcio, desinhibió gente que vivía atrapada y encapsulada en los estereotipos y en la esclavitud mental y espiritual. Otto sanó gente con cáncer –al menos les inyectó calidad de vida- Llegó a las fibras más frágiles del drogadicto. Otto suavizó corazones de empresarios y rígidos financistas, de abogados y duros jueces. Otto hizo que ciegos construyeran sus muñecos. Otto desarrolló en autistas y en niños Down las capacidades para que éstos también hicieran sus muñecos. Otto humanizó cárceles de mujeres y de hombres y entró en el espacio más frágil de la humanidad de delincuentes, quizá homicidas, estafadores, ladrones, atracadores y ellos hicieron muñecas, contaron cuentos, lloraron, rieron, se abrazaron y fueron niños, volvieron a ser niños y entonces fueron libres: “¡Otto nos liberaste, somos libres viejo Otto, somos libres!” Decían y escribían en tantos cuadernos de testimonios que Otto guardó de todo el que hizo una muñeca con él.

El don de la palabra

“…son experiencias formidables, mira: Sentados en el suelo, todos en rueda, con una cascada de trapos viejos y retazos en el medio, cual, si fuera una hoguera, allí comienza todo. Yo les hago una introductoria y los llevo a su íntimo ser, entonces, ya ellos están concentrados y les digo que hagan sus muñecas sin patrones, como su creatividad, sus manos y su mente les indique; tomen el hilo, la aguja, la tijera y den rienda suelta a su imaginación…

Fiesta de Muñecas en La Silsa, Caracas.

…olvídense en este momento de lo que son como profesionales, del oficio que realizan, de su condición social, de sus problemas de salud o problemas económicos, concéntrense en ese muñeco y que salga de sus manos lo que su ingenio y su niño interior aflore (…) luego, sentados en el suelo, cada quien empieza a hablar de la muñeca que hace. Posteriormente, invento un cuento que lo ubico en la realidad que ellos están viviendo. Las muñecas son un cuento; construyo el parapeto del cuento y lo plasmo, porque, la sonrisa, el roce, la energía no es una mentira y el cuento es parte de la realidad en la fantasía”.

Fiesta de Muñecas en el Plan Vacacional del Colegio Nacional de Periodistas-Zulia.

A la par de todo eso, en momentos de rutina y del quehacer diario Otto siempre aplicaba lo que enseñaba en sus “Fiestas de Muñecas” No había lugar en este mundo, donde a Otto no se le abrieran las puertas. Otto era capaz de aparecer al lado del Presidente sin que aquello significase burlar los anillos de seguridad. Otto abría puertas en hospitales, en empresas, en escuelas, en todas partes. Nadie era capaz de decirle que ‘No’ a Otto y el que de algún modo lo intentaba, terminaba siendo su amigo. Todo eso lo aprendió Otto haciendo de aquella expresión tradicional milenaria que le enseñó Zobeyda, el instrumento de enseñanza-aprendizaje más perfecto que pudo conseguir.

Reportajde de su encuentro «Entre Cuentos y Muñecos» en Bonaire NA.

Otto fue embajador de Venezuela en Aruba, Curazao, Bonaire, San Marteen, San Eustasio, Saba, Dominica; allí hizo muñecas con centenares de miles de todas las edades sin hablar una pizca de inglés ni papiamento, su traductora, en ocasiones, ni se explicaba para qué estaba allí, porque para Otto el idioma no era límite aun no hablándolo. Y luego, visitó Cuba, donde dejó su corazón.

Fiesta de Muñecas (Popchi) en Curazao, Aruba, San Marteen, San Esutasio, Saba, Dominica y Bonaire.

En Venezuela

No hubo rincón del Zulia donde Otto no fuera con sus cuentos y muñecas. Se ganó ese epíteto de “El Muñequero de Maracaibo” por su reconocida labor en escuelas, instituciones públicas y privadas, empresas, gremios, cámaras, colegios profesionales, universidades, cárceles, psiquiátricos, instituciones de invidentes, personas con discapacidad, niños Down, niños autistas, centros deportivos, ancianatos. Y, asimismo, recorrió el Zulia de palmo a palmo donde, por ejemplo, en el Sur del Lago, dejó una discípula, hoy también fallecida que se convirtió en la Muñequera de El Libertador”: Leo de San Pedro, de sus mejores alumnas y una gran maestra.

Como esta actividad reseñada por El Diario de Caracas, en La Silsa, organizada por la Asociación Nacional de Clínica y Asistencia Jurídica Voluntaria (Asocliva) Otto se desplegó en toda la Capital.

Con la ‘Muñequera del Libertador’ Leonía Perez de San Pedro en una actividad en el Sur del Lago.

En San Francisco está Adrián Devera, un Muñequero nato que combina su talento artístico en la pintura, el diseño y el teatro para narrar cuentos y hacer muñecas logrando ser de los perpetuadores del trabajo de Otto, uno de los más notables.

En el Ateneo de Punta Cardon, Falcón, también hubo Fiesta de Muñecas.

Participó en innumerables actividades culturales desde Caracas, Barquisimeto, Valencia, Mérida, San Cristóbal, Portuguesa, Falcón, Oriente. Fue cofundador de la Asociación Venezolana de Creatividad y Educación (Avecred) que tenía proyectos hermosísimos y de vanguardia en el tema educativo.

Avecred Zulia fue un intento de un despegue educativo de vanguardia, pero, las circunstancias lo frenaron.

Celebró talleres, diríamos que en todos los barrios y en casi todas las escuelas de Maracaibo, así como exposiciones de muñecas y festivales de Narración Oral Escénica. Así como también organizó y participó en congresos de cultura, eventos nacionales e internacionales del quehacer cultural y artístico.

Siempre liderando las actividades culturales de la ciudad, como ésta fiesta de Carnaval celebrada en la Vereda del Lago.

Brincaba y saltaba con los jóvenes en sus extraordinarias dinámicas de romper hielo.

Siempre dado a la capacitación, participando encuanto congreso, conferencia o foro de todos los calibres se efectuaran dentro y fuera de la ciudad.

Desde palillos de fósforo hasta…

De Zobeyda aprendió que la muñeca no tiene patrón ni tiene límites: “…la muñeca de trapo lucha contra la muñeca en serie. No es que la muñeca en serie sea mala, es que en realidad solo es un juguete que, incluso, lleva implícito un mensaje que muchas veces resulta dañino. La muñeca de trapo tiene vida, la plástica no. ¿Cuál es la vida de la muñeca de trapo? La que le imprime quien la construye, porque, no es algo material que pasa por un patrón y una serie de máquinas; es un constructo de vivencias, de testimonios, de historias y lleva consigo el alma y el sentimiento del ser humano que la fabrica, por eso, de cualquier cosa tú puedes hacer una muñeca, porque, solo basta que ese desecho, ese elemento inerte, que una vez prestó un servicio, pueda transformarse en vida a través de un muñeco”.

Y así Otto confeccionó muñecas en un pote de liga de frenos, en una botella de cerveza, de whisky, en un teste de electricidad, de una pila doble A, de un hueso humano o de animal. Otto hizo muñecas en palillos de fósforos, en paletas de helado, en bombillos, en frascos de colonia. Muñecas de una bobina de un carro, de un borne de batería…

Cada muñeca –como te dije- lleva implícita la historia de quien la hace en el contexto mismo en el cual la hace y al final, se convierte en un hermoso cuento que surge de la capacidad imaginativa que cada persona tiene para crear algo y, cuando en un taller con 40 personas, se produce una enorme energía de amor, de magia, de ternura, de creatividad y de sensaciones, se transforma en la herramienta humana más poderosa capaz de generar transformaciones significativas en la vida”.

Sin dudas, un filósofo sin título universitario. Si bien Otto no pudo estudiar por su condición –aunque siempre estuvo convencido de lo contrario- su formación intuitiva y mediante la constante capacitación le otorgaron un potencial que fácil podría trascender a cualquier psiquiatra o psicoterapeuta, porque, sin llegar a conocer la fisionomía humana, tenía la cualidad asombrosa y poco común de llegar a la psiquis y a los lugares más ocultos y vírgenes de la esencia de un ser humano. De ahí que hizo de la muñeca el instrumento más eficaz para alcanzar almas en seres más inimaginados. Para Otto no había límites, el límite se lo pone el mismo ser humano, la muñeca de Otto es subversiva por su capacidad de romper límites y paradigmas.

Hombre de familia

“Macondo” su casa de siempre fue por muchos años un museo abierto de muñecas y cuentos. Fue la casa grande donde disfrutó 22 de sus 25 años de feliz matrimonio con Carmen Rosa, su esposa, de cuyo amor nacieron dos hijos varones –nada muñequeros- pero profundamente solidarios y comprometidos con el trabajo de papá.

En “Macondo” Otto recibió a Nilda Silva y allí ofreció esa entrevista que hoy día tiene más vigencia que nunca. En “Macondo” Otto vio crecer a sus chamos, desarrolló con Carmen Rosa su proyecto, recibió miles y centenares de niños, estudiantes, médicos, ingenieros, abogados, maestros, y en “Macondo” sembró el valor de la familia con sus hijos y su esposa. En “Macondo” su sol brillaba en las noches y daba sombra en las mañanas.

Verdaderamente, Maracaibo perdió en Otto un gran valor zuliano, un hombre que no tuvo un solo enemigo, porque hasta sus enemigos lo querían. Otto es de esos hombres que, guardando las distancias, despiertan cada 200 años.

“…Estaré siempre en vuestros corazones. Cada obstáculo debe convertirse en mayor motivo de unión entre vosotros, Los quiero hasta el infinito. Para mis tres estrellas…su papá Otto”. (Esa carta…)

Su amiga Leo «Mamá Leo» la «Muñequera del Sur del Lago» o la «Muñequera de Simón Bolívar» le dedicó estas emotivas líneas de un sentimiento que no muchos son capaces de despertar.

Así se reseñó su inesperada partida

Medios de comunicación transmitieron lo que fue un verdadero impacto. La muerte de Otto era un «¡No puede ser!» colectivo, porque, no había ser humano más sano que «El Muñequero». Otto, bebía muy poco, por decir nada. No podía hacerlo. Otto no era hombre de bares, ni de trasnochos. Era un hombre inmensamente familiar e integramente dedicado a su casa y a su familia. Era además hombre de Dios, firmemente trató de seguir a Dios y a su santa palabra en el servicio a los demás. De manera que, no había forma de explicar lo que le sucedió al «Muñequero de Maracaibo» en la isla de Cuba, hasta que este reportaje ha traído la reveladora situación de su silenciosa y oculta lesión cerebral, que, quizá por un error o por designios del destino fue lo que al final lo hizo cambiar de paisaje.

Alexis Blanco y su nota en Panorama

NAM/Tomado de: Santiago de León/Report

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