domingo 14 de abril de 2024

¿QUÉ SABES DEL ORIGEN DEL CARNAVAL? El Rey Momo, dios de la burla y la guachafita está entre nosotros, conócelo

En la antigua Roma se rendía culto a un dios llamado Momo, que según la leyenda era el dios de «las chanzas y de las burlas; hijo del sueño y la noche; era en fin el dios de la locura que con chistes y agudezas y con mímica grotesca, divertía a las mil maravillas, a los excelsos dioses del Olimpo».

El mítico del Momo es asociado con un compañero llamado «Como», cuyos adoradores andaban corriendo por la noche, con antorchas encendidas, coronados con flores, enmascarados y cantando a los son de instrumentos musicales. Era hijo de Hipnos y de Nix o de Eris. Momo era el dios de las burlas, los chistes y las bromas. Se encargaba de corregir con sus críticas, aunque sarcásticas, a los hombres, y también a los dioses.

Una vez, bromeó acerca de unos inventos que habían creado Poseidón, Hefesto  y Atenea. Poseidón había creado al toro y Momo se rió de él por haberlo hecho con los cuernos mal colocados.

De Hefesto se mofó porque a su obra, el hombre, le faltaba una ventanilla en el corazón para poder conocer sus intenciones y pensamientos secretos.

Atenea la criticó sardónicamente porque la casa que había construido era demasiado pesada si el propietario quería trasladarse a causa de unos molestos vecinos.

Estas mofas de los dioses fueron las últimas que toleraron a Momo, que, rápidamente fue expulsado del Olimpo. También se cuenta que se burló de Afrodita porque hablaba mucho y porque sus sandalias hacían mucho ruido al andar.

Habitualmente se le representa vestido de arlequín, escondido tras una máscara que levanta de los rostros de lo demás, o del suyo propio, y acompañando cada una de sus manifestaciones con un palitroque terminado en forma de cabeza de muñeco, símbolo de la locura.

El Carnaval y la Iglesia

El carnaval tiene su origen en las fiestas paganas que se realizaban hace más de 5.000 años en Sumeria y Egipto y en las saturnales del Imperio Romano, que veneraban a Saturno, señor de la cosecha.

Eran ritos de purificación, celebrados en el mes de febrero y que daban cuenta del pasaje de un año a otro en el que se producía la renovación del cosmos.

En esos festejos los romanos se entregaban a los designios de una deidad de la mitología griega, Momo, dios de la burla y la locura, famoso por divertir a los dioses del Olimpo con sus críticas agudas y mímica grotesca.

La Iglesia Católica intentó poner un freno, aunque sin éxito. Así, los carnavales fueron incorporados al calendario cristiano y concebidos como un período de excesos permitido antes de la abstinencia de Cuaresma.

Los festejos duraban hasta tres días antes del Miércoles de Ceniza. Estas costumbres se difundieron desde Roma hacia Europa y más tarde llegaron a América, de la mano de los conquistadores.

Así se personifica al Rey Momo

Se entiende que es la pareja de la reina del Carnaval, aunque para escoger a la reina suelen aplicarse criterios clásicos (joven, bonita, que esté chévere) y para su contraparte se usan, tal parece, otros completamente opuestos, pues el rey Momo con frecuencia es viejo, gordo y feo.

Eso sí, la tendencia es a que sea un tipo simpático, aunque se sabe que a veces se otorga el puesto de monarca de la gozadera mediante un vulgar tráfico de influencias, de modo que Momo termina siendo el ricachón parrandero que aportó la mejor contribución para organizar el relajo en el pueblo o la ciudad.

Al margen de esas injusticias –propias por lo demás de un tiempo de máscaras–, eso de ser el rey Momo tiene su lado serio, aun cuando desde el punto de vista etimológico sea un dios de la burla.

Si se le pregunta a un experto en mitología, dirá que Momo fue escogido como rey de las fiestas de Carnaval porque tenía un rol peculiar entre los dioses y otras criaturas sobrehumanas: era algo así como el payaso, el bromista, el jodedor de los alrededores del Olimpo. En los listados de personajes divinos y cercanos a los divinos (entre los dioses griegos también había estratos y jerarquías), él aparece como el encargado de los sarcasmos, las sátiras y las burlas. También es una especie de patrono de los poetas y los escritores, aunque será solo de algunos, porque muchos poetas y escritores son, por el contrario, demasiado serios o aburridos.

El Momo griego les vino de perlas a las autoridades del imperio romano cuando este asumió el cristianismo como religión oficial (luego de haberlo perseguido hasta la saciedad).

En ese tiempo se hizo necesario conciliar las seculares tradiciones de fiestas colectivas paganas, como las saturnales, las bacanales y las lupercales, con el nuevo credo, que pretendía ser casto y desapegado de los placeres de la carne, al menos de la boca para afuera.

Iba a resultar muy difícil que la gente común y corriente aceptara la eliminación de tales jolgorios y lo más probable es que los emperadores y otros jerarcas tampoco quisieran dejar de realizarlos… ¡Ni locos que estuvieran!, porque aquellas eran unas tremendísimas rumbas de varios días seguidos de desenfreno etílico y sexual.

La manera de ensamblar las bacanales con el puritano cristianismo imperial fue establecer ciertos períodos de licencia. Verbigracia, antes de los cuarenta días previos a la Semana Santa, es decir, antes de la cuaresma, habría un tiempo de licencia para derraparse de lo lindo: el Carnaval.

En ese contexto, algunos conocedores de este aspecto de la historia consideran que el rey Momo, como gran señor del Carnaval, era una especie de dios gozón, algo así como un Cristo autoproclamado y reconocido por una camarilla de rufianes y vividores.

La pachanga y su líder bufo fueron implantados entonces como una válvula de escape, a sabiendas de que el verdadero Dios estaba en su trono, ejerciendo el mando universal.

Visto así, no falta quien equipare a Momo con el diablo mismo, sátiro entre los sátiros, que pretendió darle un golpe de Estado a Dios y por eso lo expulsaron del Paraíso. Esa es la razón por la cual los cristianos más radicales rechazan de plano la jarana carnavalesca y consideran a Momo una encarnación de Satán. Eso podría explicar también, por cierto, por qué escogen para representarlo a los viejos, gordos, feos… y a los ricachones.

En la iconografía de otros tiempos, Momo, como zar del Carnaval, aparece semienmascarado. Se le representa con la cara parcialmente cubierta con un antifaz que a veces él mismo se quita para llevarlo en la mano. Este es un detalle muy revelador sobre el personaje y sobre la fiesta que preside: la gente, al principio, quiere utilizar disfraces para ocultarse, guardando las apariencias, pero a partir de cierto momento se caen las caretas, las poses… ¡y hasta la ropa!

Rey Momo, en Venezuela no es protagonista

Siguiendo esa línea de camuflarse parcialmente, acompañan al rey Momo infinidad de personajes, dependiendo del lugar donde se celebra el Carnaval. En El Callao, por ejemplo, las comparsas están repletas de madamas y de diablos; en Zulia abundan los viejitos y mamarrachos; y en la Caracas de mediados del siglo XX, el Carnaval era el tiempo propicio para disfrazarse de negrita y sacar a relucir alguna personalidad oculta.

En los diversos carnavales famosos de Venezuela (El Callao, Maturín, Barquisimeto, Mérida, Puerto Cabello, Margarita), el rey Momo no parece tener tanta importancia como en otros lugares de Latinoamérica, especialmente en las ciudades más carnavalescas de Brasil y Colombia.

En esas localidades, según dicen, la pugna por el cetro es dura entre figuras políticas, señores de poder económico y gente vinculada a la cultura carnestolenda. En el caso de Río de Janeiro, la disputa por el reinado es entre las escuelas de samba. No es para menos, porque el escogido recibe las llaves de la ciudad y se convierte en una especie de alcalde del bochinche, que comienza varios días antes del Carnaval y moviliza a millones de personas.

En algunos lugares, ser rey Momo se toma como una gran responsabilidad, por lo que los ascendidos al trono hasta presentan sus programas de gobierno y hacen promesas. En Barranquilla, por ejemplo, es normal que los designados digan que van a luchar por consolidar las tradiciones o porque en las festividades reine la paz y el respeto.

Al final del cuento, en ese y en todos los carnavales, a la gente lo que le importa, en verdad, es que la reina sea joven, bonita y esté chévere y que el rey Momo ponga a valer la pachanga, aunque sea viejo, gordo y feo.

NAM/Ciudad Valencia Web/Ciudad Caracas Web

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