• #OPINIÓN Tiempo de acabar esa violencia (Beltrán Haddad)

    Existe una violencia sobre la cual se pide justicia inmediata porque se trata de un mal que afecta a los más vulnerables del grupo familiar: los hijos, quienes, incluso, son también víctimas de violencia física y psíquica por parte de ciertos “padres” y padrastros maltratadores de sus cónyuges o parejas.

    Esa es la razón por la que, desde la Asamblea General de la ONU, se estableció el 25 de noviembre como día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. En este primer aspecto se trata de los maltratos físicos y psíquicos en el ámbito familiar, referidos a golpes, empujones, estrangulamientos, ataques con armas, relaciones sexuales obligadas y otros actos. Pero más grave aún, en las palabras que amenazan, insultan e intimidan, o las que degradan la autoestima o menosprecian el honor de la mujer, está la mayor violencia contra ella y su dignidad.

    En el otro aspecto del problema nos encontramos con la violencia sexual contra las mujeres y niñas, considerada como una de las violaciones a los derechos humanos más extendida, más persistente y devastadora y sobre la cual se informa poco debido a la impunidad, al silencio u omisión del hecho y a la estigmatización y vergüenza que sufren las víctimas. Contra esa violencia sexual se inicia el próximo miércoles 25 de noviembre una jornada de lucha con la consigna “Pinta el mundo de naranja: Generación igualdad se opone a la violación”.

    La violencia contra la mujer arrastra desde sus orígenes situaciones aberrantes, como la llamada conducta “de puertas para adentro” que atenta contra la integridad corporal y psíquica de la mujer, la paz familiar y el desarrollo de la personalidad. De igual forma existe, de vieja data, el “machismo jurídico”, con raíces profundas en el antiguo derecho romano que ha permitido en los tiempos leyes promotoras de ese desequilibrio entre los sexos.
    Ese “machismo jurídico” ha sido la más perversa barrera a la libertad de la mujer. O sea, la mujer viene siendo víctima de una cultura de la discriminación, como en aquel infirmitas sexus que tenía el don de ser invocado cada vez que había que limitar a la mujer en su libertad y en sus derechos. Hoy aparece la campaña “Únete” para no permitir la violencia contra la mujer, la violencia sexual o el acoso, la trata o explotación sexual, el matrimonio infantil o la mutilación genital. ¡Es tiempo de acabar esa violencia!
    NAM

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