El problema venezolano pasa por ponerse de acuerdo con los acreedores financieros, y estos solo aceptarán reprogramar pagos o refinanciar deudas, o participar en un paquete de salvamento, si se llega a un acuerdo claro con el FMI
Cuando la política y la economía se han convertido en áreas del quehacer nacional subterráneas y poco transparentes, todo puede suceder, sobre todo cuando en una de las partes hay desespero y confusión. Pero entenderse con el FMI, de lo cual se comienza a hablar tímidamente en la prensa y en los círculos políticos, no es tarea fácil.
Primero que nada, hay que dejar en claro que recurrir al FMI para solicitar un crédito es una opción a la cual tienen derecho todos los países miembros, Venezuela entre ellos. El problema no se sitúa en ese campo, sino en el campo estrictamente político. Para recibir un crédito del FMI no hay necesidad de recabar el apoyo de una mayoría de los países miembros – que en realidad pesan poco en las decisiones de ese organismo – sino de los pocos países que son los tienen la mayor capacidad de decisión en su seno. El FMI no es una organización donde cada país tenga un voto, sino que la capacidad decisional depende de las cuotas que cada país tenga suscritas, es decir, algo así como el número de acciones en una sociedad anónima. Y Europa y Estados Unidos tienen, de acuerdo a sus cuotas, capacidad como para tomar o vetar cualquier decisión. Y a pesar de que el FMI se intente cubrirse con un cierto ropaje tecnocrático e imparcial, en la realidad de las cosas hay que convencer a los gobiernos de Estados Unidos y de Europa para recibir ayuda crediticia del FMI. Hay allí un primer problema para Venezuela.
En segundo lugar, el FMI no presta dinero en forma alegre y generosa, sino que presta con condiciones. Hay que llevar adelante una política económica que, a ojos del FMI, permita solucionar los problemas que ha llevado al país a tener que pedir crédito al FMI. En el caso venezolano eso se traduciría, probablemente, en asumir metas en cuanto a reducción del gasto y déficit fiscal y parafiscal, eliminación de subsidios, unificación cambiaria y libertad de precios en la economía interna. El último de estos puntos es el único que el gobierno no solo cumpliría sin problemas, sino que incluso ya cumplió antes de que se lo pidieran. Los demás, son temas difíciles para un gobierno como el actual.
El tercer lugar, ponerse de acuerdo con el FMI es bien parecido a ponerse de acuerdo con el conjunto, o por lo menos con los más importante del sistema financiero internacional. El problema venezolano pasa por ponerse de acuerdo con los acreedores financieros, y estos solo aceptarán reprogramar pagos o refinanciar deudas, o participar en un paquete de salvamento, si se llega a un acuerdo claro con el FMI. En otras palabas, hay que aceptar un calendario de pagos de deudas que sea inamovible, que tenga las garantías suficientes, y que no quede sujeto a las coyunturas o a los estados de ánimo de los gobernantes.
