• #OPINIÓN Paradójicamente (Ileana Velásquez)

    Si la mentira es una forma de triunfo, el triunfo es una mentira.

    Sucede de tal forma en la verdad que se ve y la mentira que se dice repetidamente hasta diseminar la duda. Así nacen realidades, desde puntos de vista que, al contrario de lo verdadero, no son únicas ni absolutas.

    Mi realidad es algo que sé, que no sé, que creo y que supongo, tan subjetivo que desconozco si finalmente existe. En cambio, la verdad es tan comprobable como independiente de criterios humanos. El que cree saber, divaga, quien comprende, precisa.

    A un gran pensador griego se le ocurrió afirmar que “todos los cretenses eran mentirosos”, y lo curioso es que él era cretense. Han pasado siglos intentado averiguar si decía la verdad, y entonces era mentiroso -como todos los cretenses-, o si bien no era mentiroso y por tanto lo afirmado era verdad.

    Como este filósofo griego, de la forma más depredadora, juzgamos nuestro reflejo en detrimento de lo mismo que somos, sin dejar espacio entre el agravio que sentenciamos y nuestro propio atropello.

    En una sociedad individualista aumenta la libertad de juicio, y con ello todo lo que no terminamos de saber. Del sectarismo surgen las discrepancias, y lo último que se logra son las metas que deberían ser comunes.

    Somos parte de una competencia de realidades en la que algunos juegan sucio, enturbiando el juego con sus vicios y excesos. Y en medio de la contienda quedamos expuestos ante innumerables visiones foráneas que aunque traten, no nos definen.

    Nuestro panorama es variopinto y aún no hemos logrado ponerle nombre, ni cara, ni razón de ser; apenas si escarbamos en conjeturas, preludios y señalamientos subjetivos como el propio contexto.

    El norte está en aquello que en una vida no fue prioridad, pero que ahora es urgente: Hallar la verdad, precisamente uno de los obstáculos fundamentales para poder analizar lo que sucede.

    Pero si se encuentra y se comprueba que ésta “es relativa”, será el primer peldaño para la posesión de la absoluta.

    Final y paradójicamente lo que escribo es y no es cierto completamente. Hay que dudar de aquello que fácilmente refuerza nuestros sesgos personales.

    NAM/MSc. Ileana Velásquez (Periodista, Locutora, Escritora y Poetisa)

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