• #Opinión Estado de gracia (Roberto Malaver)

     Llegó tu presidente, mi amor querido.- Dijo Críspulo Salazar al entrar en su rancho en el Barrio El Observatorio del 23 de Enero.

    -¿Y quién te eligió, Críspulo?- Le preguntó Juana María Alcázar González, su esposa.

    -Tú, mi amor, que eras la única votante en aquella elección de mi corazón. –Le contestó Críspulo.

    -Pero ahora lo estoy pensando, Críspulo. Creo que puedes llegar a ilegítimo o mejor dicho, a usurpador, si me lo propongo.- le dijo Juana María.

    -Un momentico, mi reina bella. En este país eligen presidente por Wikipedia por twitter y por Instagram, y tú me elegiste a mí por tu corazón. Si ahora me vas a decir que soy un usurpador, me quieres decir que hay otro durmiendo en mi cama. ¿Es eso??

    -Epa, Crispulino, no te pases, en esa cama solo cabemos los dos. Solo te digo que pórtate bien, porque te puedo llamar usurpador o ilegitimo. y te saco del juego político.

    -En este estado de gracia, mi reina bella, en el que vivimos los dos, yo soy tu presidente porque gane por mayoría de votos, es decir, por un voto, el tuyo, que para mí es una inmensa mayoría. Y no hay problema porque aquí gobernamos los dos tranquilitos. Tú mandas  y yo obedezco, y cuando yo mando, tú obedeces, Y no hay usurpador ni ilegitimo, y mucho menos abandono del cargo, porque yo siempre estoy aquí.

    -Es verdad Críspulo. Solo te estaba poniendo a prueba para ver cómo te portabas. Y por lo visto pasaste la prueba, mi presidente.

    -Aprobado, mi Juana María. Aquí no hay Pompeo, ni Trump, ni John Bolton, ni Almagro, ni Grupo de Lima, ni Duque, ni Macri, ni Bolsonaro. Ellos que se ocupen de sus estados, que de nuestro estado de gracia nos ocupamos nosotros.

    -Claro, Críspulo, aplicamos el principio de la no injerencia y la autodeterminación de los pueblos, y por si acaso, la solución pacífica de conflictos.

    Y Críspulo Salazar, el presidente del estado de gracia de Juana María Alcázar González, viendo cómo su señora sonreía ante su majestad, se le fue encima  y la abrazó y la besó y le dijo: “Venceremos, Juana María”.

    Roberto Malaver

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