Hace algunos años leí, «El principio de Peter», un libro escrito por un educador/psicólogo canadiense, Dr. Laurence Peter y Raymond Hull. El planteamiento que se encuentra en el libro puede resumirse así: «Si un empleado es eficiente en determinado nivel, será ascendido a uno superior y así sucesivamente, hasta que el empleado alcanza su nivel de incompetencia… y si esto es así -dice el autor- las estructuras laborales se dirigen hacia la ineficiencia y la incompetencia».
El planteamiento del Dr. Peter se aplica a la gerencia de recursos humanos para orientar los empleos, porque si una persona es eficiente, es candidato para ser promovido. Claro, que tomando en cuenta la fecha en la cual fue escrito el libro, hoy día quizás las estrategias de gerencia de recursos humanos son otras.
Pero, aunque lo que quiero abordar en este artículo, no está directamente en el campo de la gerencia de recursos humanos, de las empresas, si puede aplicarse a la gerencia de un cargo de alto rango, cual es la gerencia de un país, como sería el cargo de Presidente de la República, para el cual se requiera habilidades y conocimientos.
Creo, que 25 años son suficientes para discernir y comprender las diferencias entre promesas y realidades. ¿Qué se entiende por promesa?, un ofrecimiento, una proposición, una oferta, dirigida en este tiempo a los votantes venezolanos, por quienes aspiran a ser Presidente de la República. Es decir, los candidatos.
En Venezuela estamos en campaña electoral. Las campañas electorales son esfuerzos competitivos de distintos candidatos y partidos políticos para ganar el apoyo de los electores, en el período que precede a la elección (28-07-2024).
Los candidatos recurren a diversidad de tácticas para atraer votantes, mediante actos públicos y publicidad. Aquí es donde aparecen las promesas, unas nuevas, porque nuevo es el candidato; otras repetidas hasta el cansancio, con el mismo candidato, y por las cuales no hay credibilidad porque han sido incumplidas.
Desde 1999, a los venezolanos se nos viene ofreciendo y prometiendo: soberanía nacional, democracia participativa y protagónica, economía sostenible, Venezuela potencia, distribución justa y equitativa de los recursos, especialmente los provenientes de la renta petrolera, salarios justos, moneda fuerte y soberana, economía productiva, salud y educación de calidad… lo cual no se ha visto, es decir, no se ha cumplido.
Basta con asomarse a los reportes de estudios científicos, como: la encuesta ENCOVI-2023, la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH-2023), Los estudios de la fundación CONVITE-2023, Médicos sin Fronteras, ACNUR… los relatos diarios que leemos en las redes, en los medios de comunicación, en la vida misma y muchos más, sobre las condiciones de vida y riesgo de los venezolanos, especialmente los más pobres, los niños y jóvenes, los adultos mayores, los que quedaron solos porque su familia se fue a otro país, los desempleados.
Cabría preguntarse: ¿Cómo es esto posible, con los enormes recursos que recibió el gobierno por la venta del petróleo, durante este cuarto de siglo?
El resultado es un cuarto de siglo de crisis política, económica, social, cultural, institucional. Un cuarto de siglo de intranquilidad, divisiones, abandono de las familias y del país, todo lo que han tenido que vivir los venezolanos y que no queremos más. Por eso es que ahora no hay credibilidad en lo que todavía nos prometen, como si no fuera bastante ya lo que hemos vivido en estos 25 años. No les da pena seguir prometiendo. Son falsas promesas.
En estos momentos los venezolanos estamos atentos y dispuestos a un cambio que se siente muy esperanzador en lo que va de la campaña. Estamos atentos también a la calidad de la campaña, porque una campaña electoral (como la deseamos en Venezuela), debe estar focalizada, además del proyecto que se ofrece, en el respeto y la igualdad de oportunidades para todos los candidatos, con la libertad para hacer su campaña, por todos los medios de comunicación, y en todos los rincones de Venezuela, con moderación en el uso de los recursos propios de cada agrupación política, y donde los recursos del Estado venezolano no sean usados para parcialidades.
En esta campaña electoral estamos observando las diferencias entre los candidatos, aquellos que manejan un discurso ético, sin atacar, ni amenazar y mucho menos aquellos que se atreven a espetar un lenguaje vulgar, queriendo ganarse con eso al pueblo y es porque definitivamente confunden lo popular con lo chabacano. Es momento de evaluar el nivel de ineficiencia, según el principio de Peter, para que las promesas no se confundan con la realidad y el empleado reconozca su nivel de incompetencia.
NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora
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