• #OPINIÓN || «En el Zulia ganó el cambio» (Efraín Rincón Marroquín)

    Las elecciones regionales y municipales del pasado domingo 21 de noviembre nos dejan varias lecturas que debemos analizar con profunda objetividad. Sin embargo, en este artículo pretendo evaluar los resultados obtenidos en el Zulia, uno de los cuatro estados en los que la oposición ganó la gobernación.

    El Zulia proyecta todo lo contrario de lo que pasó en el país; a pesar de la marcada abstención registrada en más del 50%, la unidad democrática zuliana obtuvo un contundente triunfo liderado por Manuel Rosales, quien se constituye en el gobernador más votado del país, con 592.679 votos (54.84%); se ganaron quince (15) de las veintiún alcaldías del estado, así como la mayoría del CLEZ. Un triunfo que convierte al Zulia en la referencia electoral del país de cara al futuro inmediato.

    ¿Qué tenemos diferente en el Zulia que hizo posible tan extraordinarios resultados electorales? Lo primero, un liderazgo sólido como el de Manuel Rosales que fue capaz de unir a todos los partidos de oposición alrededor de la opción del cambio, interpretando correctamente las legitimas aspiraciones de un pueblo que ha sufrido en carne propia la destrucción del Estado más próspero de Venezuela. Manuel Rosales se convirtió en una válvula de escape para drenar la frustración de la inmensa mayoría de los zulianos, logrando una combinación perfecta de dos emociones poderosas: la esperanza para alcanzar el cambio a través del voto, y la indignación para castigar con el voto a los culpables del desastre descomunal que vive el Zulia y que no tiene réplica en el resto de los estados de la nación.

    Por otra parte, se realizó una campaña orientada con la estrategia correcta. Una campaña de altura, basada en historias que recordaron los logros de las gestiones pasadas de Rosales (storydoing), conjuntamente con la capacidad del candidato para resolver progresivamente la tragedia del Zulia, a través de un plan de emergencia (P95.0), para atender la crisis de la salud, la educación y los servicios públicos. Frente a la incapacidad e insensibilidad demostrada por Prieto, quien pretendía reelegirse, ganó la percepción del amor por el Zulia y el compromiso de la palabra empeñada que Rosales proyectó a lo largo de esta inédita campaña.

    Los resultados fueron muy buenos y no fue precisamente por contar con abundantes recursos; fue una campaña muy austera que privilegió el contacto directo como mecanismo fundamental para conectar con los electores. Esa estrategia del contacto en la calle, característica de campañas del pasado, pero con una efectividad poderosísima en el contexto actual del Zulia, permitió emocionar a la gente que estaba aletargada, con la esperanza que anuncia que no todo está perdido; creer que el cambio es posible si nos unimos todos, cuando muchos creían que era imposible derrotar a Prieto; y, por último, confiar en un líder que cumple lo que promete, en tiempos donde casi todos desconfían de los políticos, incluyendo a los de la oposición.

    En otro orden de ideas, la amplitud y la inclusión fueron elementos claves en la campaña de Rosales. Se les abrió las puertas tanto a opositores como a grupos oficialistas, que fueron maltratados y han sido burlados en su buena fe por una revolución que se convirtió en la mayor estafa política de nuestro país. La inclusión debe ser práctica constante en este país que quiere abrazar el cambio, a pesar que los egos enfermizos lo impidan. En el Zulia se están haciendo esfuerzos importantes para construir una unidad incluyente y al servicio de los ciudadanos.

    Rescatar el valor del voto se constituyó también en una tarea prioritaria durante la campaña. Los electores necesitan tener confianza y seguridad en el voto, una garantía que su opinión sea respetada y los resultados proyecten la decisión de la mayoría. Eso conllevó a una intensa campaña de motivación del voto, respaldada por un ejército de defensores del voto, desplegados en la totalidad de las mesas de los centros de votación del Estado. Esta acción derrotó a los presagios de fraude y trampa en las elecciones del 21 de noviembre.

    Otras grandes lecciones que nos dejan las elecciones en el Zulia, es que aún falta hacer más, con inteligencia y grandeza, para alcanzar el propósito supremo del rescate de la libertad y la democracia en Venezuela; pero otra gran lección es que unidos logramos más, que cuando nos ponemos de acuerdo con responsabilidad y compromiso vencemos las dificultades y los obstáculos, y podemos decir con voz fuerte y firme, ¡si se puede!

    NAM/Opinión/Efraín Rincón Marroquín

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