• #OPINIÓN | ‘El odio político’ | Maryclen Stelling

    Recientes acontecimientos nos impulsan a abordar nuevamente el odio. Ese afecto que, en los seres humanos, puede ser entendido y abordado como un síntoma de lo político, ligado al lenguaje y a la relación con el otro.  Ese odio político que parece despertar y se expresa por diversas vías y canales.

    En tanto afecto y síntoma de lo político, en contextos polarizados el odio tiene una doble función, dado que puede consolidar los vínculos  y además impulsar la ruptura de los lazos sociales. El odio permite unificar a personas de distintas categorías sociales al agruparlas y otorgarles una identidad colectiva, además de un enemigo al que confrontar y perseguir.

    En nuestro caso, a pesar de los esfuerzos pro dialogo, de la aparente convivencia y del supuesto fortalecimiento de los lazos sociales entre individuos y grupos, en determinadas circunstancias emerge y sorprende la ira, intolerancia, rencor y odio, en cuanto estructuras de sentimientos que han permanecido soterradas. Así, en tanto causa y efecto, el odio desencadena la conflictividad social.  Por su parte el discurso del odio, aparentemente disminuido,  embiste contra la tolerancia, la inclusión, la cohesión social  y la diversidad, socava los valores y sienta las bases para la violencia.

    Aun cuando pareciera reducirse la confrontación política entre Gobierno y oposición, recientemente la violencia se ha hecho presente en actos políticos de Juan Guaidó. Suerte de “actos sintomáticos” en los que se ha manifestado la rabia, el rencor y la intolerancia.  Puesta en escena del sustrato político afectivo que sobrevive a pesar de los esfuerzos pro diálogo en curso. Nos encontramos en un momento político interesante en el que la polarización se niega a morir y, aun cuando es menos evidente,  ante ciertas demostraciones públicas se eleva la afectividad y se agudizan los enfrentamientos políticos. Importante destacar que el odio no surge de la nada, brota en determinados contextos de crisis social y política.

    Para cerrar, surgen una serie de interrogantes. ¿Dónde se ha atrincherado el odio político? ¿Ese odio es espontaneo o inducido? ¿La figura de Guaidó concita al odio? ¿Es víctima de un proceso de estigmatización? ¿Se ha convertido en un chivo expiatorio? ¿Ha devenido en un paria político?

    @maryclens

     

    NAM/UN


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