domingo 5 de febrero de 2023

¡NEUROCIENCIA! Tu infancia influye a la hora de ser padre

Ser padres no es fácil. El día a día nos supera en muchas ocasiones y la verdad es que contamos con poco respaldo de nuestra sociedad, inmersa en un ritmo frenético, y sin apoyos para la crianza. Es una responsabilidad enorme ser padres en un escenario así, más teniendo en cuenta el hecho de que cómo seamos como padres influirá en el futuro de nuestros hijos.

‘Los niños que fuimos, los padres que somos’, de la psicóloga y psicoterapeuta Beatriz Cazurro, es un libro en el que se tratan principalmente estos asuntos, y en el que esta experta advierte de que nuestras experiencias pasadas influyen en cómo educamos a nuestros hijos, pero también sobre el daño que hacen algunos mitos o creencias que hemos adquirido.

«Cuando llega un bebé al mundo nos hace como un espejo de propias experiencias infantiles. Cuando llora, por ejemplo, de alguna manera hay una memoria corporal que se activa y nos enseña cuánto podemos sostener nosotros el llanto del bebé. Si nos activamos muchísimo y no lo podemos tolerar igual es porque de pequeños nadie pudo hacer esto con el nuestro o, por ejemplo, vamos a huir e intentar atenderle porque no podemos con ello», reconoce.

Por otro lado, mantiene que podemos tirar por actuaciones activas, violentas, como gritar, zarandear o cosas parecidas porque no sabemos cómo gestionarlo. Remarca en este punto que el lenguaje de niños y bebés es diferente al de los adultos, y cuando no nos lo han sabido transmitir de manera adecuada nos resulta más difícil tratar a nuestros hijos.

Somos referencia para nuestros hijos

Además, defiende en una entrevista con Infosalus que la figura de los padres es vital para los niños. Dice que en el campo de la Neurociencia se ha visto ya en estudios de neuroimagen que el trato que tengamos con nuestros hijos afecta a áreas del cerebro, al funcionamiento del sistema nervioso autónomo, a la conectividad cerebral, o por ejemplo al tamaño de algunas estructuras cerebrales.

A partir de ahí, tal y como se configura el cerebro, vamos a ir configurando una serie de ideas y de esquemas sobre nosotros, sobre el mundo, y sobre las diferentes formas de relacionarnos. Entonces, sostiene Cazurro que cuando hay un buen trato en la infancia, ajustado a las necesidades de los niños, el riesgo de problemas psicológicos, de problemas de salud física, o incluso la esperanza de vida se ven afectadas. «Hay menos riesgos de problemas de salud mental y física cuando el trato en la infancia es bueno y cuando estamos ajustados y sensibilizados con las necesidades de nuestros hijos», apunta.

Cuidado porque puede haber maltrato sin ser conscientes

Una parte muy importante que trata en el libro y a la que le dedica un capítulo es que ‘todo lo que no sea buen trato es maltrato’. Habla Cazurro de que la intencionalidad no hace que el impacto que tenga en nuestros hijos sea menor. «Podemos creer, por ejemplo, en el cachete a tiempo. Se pensaba que si no se daba los niños iban a crecer torcidos y todas esas cosas que se decían. La violencia y el maltrato tienen un efecto sobre niños que no tiene nada que ver con si la intención desde la que lo hacemos es buena o no, y por eso la información es muy importante, que se ponga nombre a este tipo de actuaciones para poder darnos cuenta y poder empezar a valorar o cambiar en otra dirección. A veces con la información los padres pueden cambiar forma de actuar, pero otras no por la configuración de nuestro cuerpo, creencias e identidad que no nos lo permite», detalla.

Preguntada sobre qué cosas serían consideradas maltratado en la crianza de nuestros hijos y podemos no ser conscientes de ello, esta psicoterapeuta señala a cualquier cosa que se considera maltrato con los adultos como la violencia psicológica, las etiquetas, la exposición en público sin permiso, los castigos, los gritos, las amenazas, el hacer dudar constantemente a los niños que están en desarrollo si lo que sienten lo hacen o no.

«Todas son diferentes tipos de maltrato, luego es verdad también que la severidad y frecuencia con la que sucede el maltrato es un factor a tener en cuenta, pero no es un buen trato, por lo que si no es buen trato es maltrato», destaca Cazurro.

Qué es lo que nuestros hijos necesitan de nosotros

En última instancia, esta experta resalta que nuestros hijos necesitan seguridad, no padres perfectos, sino padres con los que sentirse seguros. «La seguridad supone también que fallamos, que tenemos malos días, que no contestamos de la manera más ajustada, en el darnos cuenta, pedir perdón y poner energía en intentar no repetir o en hacerlo de manera diferente», afirma.

Considera que es como con cualquier amigo, pareja, o jefe, la seguridad no supone hacer todo bien, sino que nos van a escuchar, es un entorno predecible, no nos van a poner una mala intención; la intención siempre se encuentra en negociar, en llegar a acuerdos y en colaborar, es una manera de ofrecer seguridad y que puede estar más o menos lejos de la perfección, que es imposible. «A todo el mundo le asusta que le griten y además es que dependen de nosotros», sostiene.

Cree que es importante igualmente el cuidarnos a nosotros mismos, para que todo vaya mejor en este sentido. «Si estamos tranquilos y nos conocemos y si sabemos gestionar nuestras emociones, si sabemos qué ha pasado en nuestra infancia, la segunda parte de cuidar a nuestros hijos sale sola», sentencia esta experta.

Beatriz Cazurro tiene un máster en Psicoterapia con Niños y Adolescentes y otro en Psicoterapia integrativa, ha cursado especializaciones en apego y trauma con algunos de los mayores expertos nacionales e internacionales.

NAM/Agencia

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