Cada año, los diccionarios intentan captar el espíritu de la época en una sola palabra. De esta búsqueda nacen las palabras del año. Un gesto simbólico en una época dominada por flujos interminables de contenidos, memes, tendencias y neologismos. Y sin embargo, incluso en 2025, esas palabras resultan ser pequeñas brújulas, fragmentos de una sociedad que se observa, se analiza y trata de poner en orden su propia complejidad. No solo cuentan lo que decimos, sino también lo que vivimos, y este año, más que nunca, hablan de conexiones, identidad y tecnología.
No todos los diccionarios han hablado de ello, pero cada vez se añaden más palabras. Parasocial, elegida por el diccionario de Cambridge, vibe coding (código por vibración), término seleccionado por el Diccionario Collins; rage bait (cebo a través de la rabia), por el Diccionario Oxford, 6-7, seleccionado por Dictionary.com a pesar de calificarlo de»ambiguo y sin sentido»; el Treccani de Italia ha elegido fiducia (confianza)
Fiducia: la palabra que busca tender un puente
El Treccani ha elegido fiducia (confianza) como palabra del año 2025, poniendo en primer plano un término que siempre ha pertenecido a la lengua italiana, pero que hoy parece cargado de una nueva urgencia. En un contexto marcado por incertidumbres económicas, fracturas sociales y una dificultad general para reconocer puntos de referencia compartidos, fiducia vuelve a indicar algo esencial: la posibilidad de confiar, de creer, de encontrar un punto de apoyo estable en medio del ruido. De hecho, refleja la necesidad de restablecer vínculos sólidos entre individuos, ciudadanos e instituciones.
Treccani la define como «la actitud de tranquila seguridad que surge de una evaluación positiva de una persona o un grupo hacia los demás o hacia uno mismo», una fórmula que expresa bien la naturaleza relacional de la palabra. La confianza nunca es solo un sentimiento individual, necesita circular, pasar de un sujeto a otro, transformarse en gestos, decisiones, responsabilidades recíprocas. Y quizá sea precisamente esta dimensión colectiva la que le da sentido en una época de conexiones constantes pero no siempre sólidas. Además, la enciclopedia italiana también tiene en cuenta el interés de los usuarios, y en 2025 la palabra fiducia parece haber sido uno de los términos más consultados en el portal en línea de Treccani.
Yuxtapuesto a los otros que vamos a ver (parasocial, vibe coding, 6-7 y rage bait), fiducia añade un registro diferente al léxico de 2025: no la descripción de una tendencia o un mecanismo emocional propios de lo digital, sino el intento de recomponer lo que aparece fragmentado. Es una palabra que indica una necesidad más que un fenómeno, y que habla del deseo, individual y social, de encontrar un terreno común desde el que volver a empezar.
Rage bait: el cebo emocional de 2025
El léxico de 2025 también incluye rage bait (cebo a través de la rabia), la palabra elegida este año por el diccionario Oxford. El término describe un tipo de contenido construido para generar indignación. No solamente es provocativo, sino que está calibrado para desencadenar una reacción inmediata, instintiva y a menudo airada. Es una estrategia cada vez más común en las plataformas sociales, donde la visibilidad depende de la cantidad de interacciones y donde la ira, más que cualquier otra emoción, garantiza rapidez y difusión.
Las justificaciones de Oxford hablan de un aumento neto del uso del término y de la práctica que representa: comentarios deliberadamente extremos, titulares manipulados, clips sacados de contexto, memes que existen solo para enojar a alguien. Es una forma específica de compromiso, que no se centra en la curiosidad, como el antiguo clickbait, sino en la polarización inmediata.
El hecho de que para Oxford se haya convertido en la palabra de moda del año habla de una tendencia más amplia: la transformación de la esfera pública en un entorno donde la reacción precede a la comprensión y donde la experiencia del usuario está modulada por contenidos diseñados para explotar su emocionalidad. Con rage bait, el vocabulario registra no solamente un fenómeno digital, sino una forma diferente de percibir la información y participar en la conversación en línea.
Parasocial: relaciones que parecen reales, pero no lo son
Si hay una palabra que describe a la perfección nuestro tiempo, es parasocial. Y no porque todos vivamos pegados a la pantalla, eso ya lo damos por hecho, sino porque cada vez nos sentimos más cerca de personas que, en realidad, ni siquiera saben que existimos. Este es el meollo del fenómeno: una relación que parece íntima, cálida, cotidiana, pero que fluye en una sola dirección, de nuestro lado al otro.
La elección del Diccionario de Cambridge, es quizás la más íntimamente relacionada con lo que estamos viviendo, aunque en realidad el fenómeno tiene raíces tan lejanas como 2025. Ya en los años 50, los estudiosos observaron cómo algunos telespectadores se sentían «amigos» de los recién nacidos presentadores de televisión. Hoy, sin embargo, ha adoptado una forma mucho más amplia.
Las relaciones parasociales no solo tienen que ver con estrellas del pop o personalidades de la televisión, sino que implican a influencers que comparten momentos de intimidad construida, streamers que entran en casa de sus fans cada noche. Sin duda, las redes sociales lo han amplificado todo de forma abrumadora. Hoy podemos comentar una historia de un cantante internacional, escribir a un creador con millones de seguidores convenciéndonos de que realmente le conocemos sólo porque le seguimos día y noche. Tenemos acceso a los hogares, pensamientos, fragilidades y trasfondos de la vida de otras personas como nunca antes, y esta cercanía hace que sea mucho más fácil desarrollar un vínculo emocional que, aunque no sea recíproco, se sienta auténtico.
Pero más allá de los famosos, estas relaciones se desarrollan cada vez más con inteligencias artificiales. Hay quienes confían sus angustias a la IA como si fuera un diario parlante, quienes han convertido la conversación con el chatbot en una rutina y quienes incluso desarrollan sentimientos reales, provocados por el tono afectuoso y personalizado de la IA.
Cambridge eligió esta palabra porque representa la fragilidad emocional de una época en la que la tecnología, al tiempo que acorta distancias, también corre el riesgo de amplificarlas. Nunca antes nos habíamos visto rodeados de presencias constantes, pero a menudo carentes de la reciprocidad que define una auténtica relación humana.
6-7: un número que se convierte en lenguaje
Un «término ambiguo y en gran medida sin sentido». Así es como Dictionary.com, el mayor diccionario en línea de Estados Unidos, muy atento a la jerga y los fenómenos de internet, definió 6-7, elegida como su «palabra» del año.
Una decisión inquietante, dada la explicación, en la que, sin embargo, el término habla perfectamente el lenguaje de la Generación Alfa, al menos de los estadounidenses. Su historia tiene su origen en una canción de rap, “Doot Doot (6 7)”, lanzada en febrero por el rapero Skrilla: un tema en el que el coro repite el número. El salto del micrófono a la cultura de masas se produjo vía social, especialmente en TikTok de Estados Unidos donde el término empezó a difundirse junto con un gesto de la mano: palmas hacia arriba empujadas hacia delante y hacia atrás. La intención parece ser dar a entender: cualquier cosa.
El meme encontró un segundo propulsor cuando algunos videos de fans asociaron el número con la altura del jugador de la NBA LaMelo Ball, que mide «six feet seven inches», 6.7 pies, algo más de dos metros. El resultado fue una oleada de contenidos en los que «seis-siete» se utilizaba como respuesta universal, una forma de reaccionar ante lo absurdo, de reírse de nada, de comunicar pertenencia generacional.
La cuestión en todo esto es que 6-7 en realidad no significa nada. Al contrario, es precisamente su falta de significado lo que la hace perfecta para un internet donde lo que importa no es tanto el mensaje como la vibración cultural que produce.
Quizá lo que hace eficaz a esta palabra es precisamente su falta de significado. Una cápsula de cultura digital que existe porque se comparte, no porque se pueda explicar. En otras palabras, 6-7 narra la irónica ligereza con la que la Generación Alfa se enfrenta a un mundo complejo: si la realidad es difícil de descifrar, la respuesta puede ser un número sin lógica.
Vibe coding: programar sin programar
En cambio, el Diccionario Collins se ha centrado en las transformaciones más profundas del mundo digital, eligiendo vibe coding (código por vibración) como expresión del año. El término, popularizado por el investigador Andrej Karpathy, indica una nueva forma de crear software no escribiendo código línea a línea, sino colaborando con una inteligencia artificial que genera, corrige y perfecciona el código a petición del usuario.
En el vibe coding, el diseñador no parte de un lenguaje técnico, sino de una intuición. Basta con describir el efecto deseado («me gustaría una app que ordene automáticamente mis fotos», “necesito una web sencilla que presente este proyecto”) y la IA construye el resto. La esencia ya no está en la sintaxis, sino en la intención. De ahí el término «vibración»: la vibración, la dirección, el flujo creativo.
Esta innovación, sin embargo, no está exenta de interrogantes. ¿Qué competencias necesitarán los programadores del futuro? ¿Hasta qué punto será fiable el código generado por un modelo? Collins, sin embargo, ha observado un aumento tan notable en el uso de la palabra que la considera un símbolo de la nueva era digital. Vibe coding es la puerta de entrada a un mundo en el que cualquiera puede convertirse en creador tecnológico, siempre que sea capaz de imaginar.
Un vocabulario que nos habla del futuro
Parasocial, 6-7, vibe coding, rage bait y fiducia no podrían ser términos más diferentes, y por eso mismo cuentan la historia de nuestro tiempo con una precisión inesperada. La primera palabra toca nuestra esfera emocional, la segunda nuestra esfera cultural, la tercera nuestra relación con el futuro, la cuarta pone de relieve las tensiones que habitan nuestras conversaciones, mientras que confianza recuerda la necesidad de encontrar un terreno común. Juntos, muestran una humanidad suspendida entre la búsqueda de conexión y la ironía, entre el deseo de estabilidad y la fascinación por la tecnología. Hablan de una sociedad que cambia sin cesar y que, a través de la palabra, intenta una vez más comprenderse a sí misma.
NAM/wired
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