miércoles 3 de junio de 2026

IMPERDIBLE: Roberto Malaver ¡Haga su agosto!

Aquí mismo, en la calle Francisco Pimentel, en Los Chaguaramos, Martina Pérez se encontró con su mejor amiga, Jacinta Salazar, y le dijo:

-Jacinta, ¿cómo estás?
-Asustada, Martina querida.
-¿Por qué?
-Porque el precio del huevo no hay quién lo pare.
-No me lo recuerdes, que me sonrojo y me expongo, Jacinta.

Las dos mujeres, vecinas en Los Chaguaramos, que se ven los sábados en un mercadito que todavía ellas no saben por qué le dicen popular, se encuentran siempre allí, y tratan un solo tema: los precios.

-Todo ha aumentado, Martina. Hasta la Asamblea Nacional Constituyente.
-Explícame eso, Jacinta, porque no hay cuórum para entenderte.
-Antes eran doscientos miembros de la Asamblea Nacional, ahora los aumentaron a más del doble, es decir, ahora son quinientos cuarenta y cinco miembros.

La política también la tocan de refilón. La familia, la propiedad privada y el estado. Esos son los temas que, junto con los precios, semanalmente, Martina y Jacinta comentan allí, en la calle Francisco Pimentel, en Los Chaguaramos.

-¿Te acuerdas Jacinta, que antes decían “haga su agosto”, porque bajaban los precios? Eso no se escuchó más nunca, amiga.
-¿Y te acuerdas Martina, de aquella frase “a precio de gallina flaca”? Ahora las gallinas flacas son las más caras, porque están en la línea. Y si son criollas, les ponen el precio en dólares.
-Y ahora todas las gallinas ponen huevos de oro, Jacinta. Y antes había una sola gallina de los huevos de oro.
-Sí, Martina, allí democratizaron la cosa, antes era una sola gallina, y ahora son todas.

Las dos mujeres, después de conversar sobre la realidad nacional, se despiden. Colocan sus bolsas de mercado en el suelo, y se dan un abrazo como si estuviera partiendo el año.

Antes de irse, Martina le dice a Jacinta:

-Aquí el que también se está vendiendo carísimo es tu marido, porque más nunca apareció por la casa.-Martina, con esos precios, ese hombre prefiere no salir para ahorrar zapatos.

Martina y Jacinta se despiden, ahora sí, y las dos van por caminos distintos, aunque por una sola vía: la de la alegría.

NV1/UN