• ¡HABLAN LOS EXPERTOS! ¿Tienes una madre tóxica?

    «Mamá, ¡déjame en paz!» o «¡no te pongas tan cansina!» son frases recurrentes en tu día a día, ¿verdad? Sin embargo, esto no significa (piénsalo bien) que tengas una mala relación con ella. Sencillamente, a veces te darían ganas de matarla. Ahora bien, por desgracia existen hogares con una progenitora dañina, un dato preocupante por las graves consecuencias que acarrea. Y aunque todo tiene solución, para quien le toca es una realidad que no tiene ni pizca de gracia.

    «Se puede entender por madre tóxica aquella que no cumple su función de nutrir afectivamente y facilitar la autonomía de sus hijos», afirma el psicólogo Hernán Cancio, director de Instituto Antae. Si en tu infancia la figura materna te transmite miedo en lugar de protección, confusión en vez de cariño o no está capacitada para educar con unos buenos valores y de forma saludable, tienes todas las papeletas para que en la edad adulta esa joya de herencia te haga explotar por algún lado.

    «No exagero si digo que un porcentaje altísimo de mis pacientes que sufren ansiedad, culpa, tristeza, dependencia emocional o inseguridad se han criado con ellas», explica la psicóloga Patricia Ramírez en su blog PlenaMente. El problema es que las estadísticas sobre el tema escasean: sólo contamos con expertos que hablan de víctimas que se pasean por sus consultas sin entender el porqué de su patología. En pleno siglo XXI es un tema tabú para una sociedad cuya primera reacción es decir: «Pero ¿cómo no te va a querer tu madre?». Pues no, quizás no lo hace. O, al menos, no lo hace bien.

    Una pista de obstáculos

    ¿Y cómo es posible que se den este tipo de situaciones? «Puede producirse como una repetición de sus propias experiencias infantiles y, en otros casos, porque a través de la manipulación y la utilización de sus hijos satisfacen necesidades personales», explica Cancio (en muchas ocasiones, son personas que no deseaban realmente la maternidad). Después, cada una despliega su frustración de distintas maneras (con celos, sobreprotegiendo, manipulando…), pero todas tienen algo en común: hacen la vida difícil a sus hijos.

    «En la mayor parte de los casos se presentan como víctimas preocupadas de sus hijas, cuando a través de esos sentimientos las gobiernan y controlan a través de la culpa y la vergüenza», añade. La mujer que más herramientas te debería dar para enfrentarte al mundo no sólo no lo hace, sino que se erige como el mayor reto que debes superar si quieres convertirte en una persona adulta sin traumas. La psicóloga Olga Carmona, directora de Psicología Ceibe (psicologiaceibe.com), una clínica con el foco puesto en ayudar a mejorar el entorno familiar, las define como «tan narcisistas e infantiles que siempre se pondrán en primer lugar», afirma.

    La niña herida

    W. M. Jiménez es hija de una madre tóxica y un día decidió empezar a contar sus vivencias en Amor distorsionado, un blog personal que ya cuenta con miles de lectoras y que nace «para informar, educar y ayudar», según afirma su autora. «Yo veía que nunca estaba de mi lado, y las veces que tenía contacto con otro entorno familiar notaba un cariño y un apoyo del que yo carecía. Le preocupaba más el qué dirán que cómo me sentía yo», se sincera. Era un escenario muy resbaladizo para alguien de muy temprana edad que sólo busca algo primitivo: el amor de una madre. «Tendemos a negar su rechazo, porque, en el fondo, las necesitamos», reconoce.

    Además, a los prejuicios sociales que enquistan aún más este problema se suma lo doloroso que le resulta asumirlo al protagonista de esta historia: ese niño o niña heridos (aunque está demostrado que las progenitoras se ensañan más con las hijas). Su mecanismo es el siguiente: colocar sus problemas en el chivo espiatorio (nombre con el que se los conoce en psicología), evitando responsabilizarse de sus conflictos internos, origen de todos los males. «El pequeño nunca se da cuenta de lo que pasa. No tiene ni los recursos, ni el desarrollo psicológico, ni patrón comparativo alguno», relata Olga Carmona, también especializada en psicopatología de la infancia y la adolescencia.

    Precisamente por esta razón, hay consecuencias peligrosas: la peor es interiorizar como normal algo que, desde luego, no lo es (un trato irrespetuoso, por ejemplo). «Si toda tu vida vives al lado del sufrimiento, lo acabas identificando como algo natural. Es un mecanismo que adopta el cuerpo por pura supervivencia», apunta el especialista Hernán Cancio.

    La distancia emocional

    El primer paso que permite que ese niño (más bien ya adolescente o adulto) se reconstruya es aceptar lo que hay. Por mucho que se esfuerce, nunca va a conseguir el buen entendimiento con su progenitora (a no ser que esta acceda a ponerse en manos de un profesional). Su visión de la película es muy diferente (reconocer su error supondría asumir un gran fracaso vital).

    «Es necesario pasar por un duelo al renunciar a la madre que nunca tendrás para poder seguir adelante. Y la distancia física es sólo un peldaño superficial de todo el recorrido, que pasa por la verdadera distancia: la emocional», describe la psicóloga Olga Carmona.

    ¿La buena noticia? Según la especialista, en la conducta humana no hay determinismos. Siempre podemos elegir un destino diferente. Eso sí: se necesitará autoconsciencia, poner de una vez por todas tus propias necesidades y sentimientos por encima de los de ella, y ganas de trabajar en una misma. Pero… ¿cómo se cura la falta de amor? Ni más ni menos que con más amor: «Primero hacia uno mismo, después hacia una pareja y, sobre todo, hacia los hijos, pues representan la oportunidad de convertirte en la madre que no tuviste, algo en sí mismo sanador».

    Hora de vivir tu vida

    Laura Rojas-Marcos, psicóloga y autora del libro La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas, arroja más luz al asunto. «Aunque madre no hay más que una, no es cien por cien determinante, ya que estamos rodeados de personas que también nos educan: tu padre, tus amigos, un profesor o tus vecinos», dice. Un entramado de vínculos clave para hacer clic y darte cuenta de que las cosas pueden ser diferentes (e infinitamente mejores) que lo que has visto en casa. Relacionarse con personas sanas, no repetir patrones destructivos, el sentido del humor y el perdón serán grandes aliados para superar esta cruzada. Y aunque es innegable el peso que la figura materna tiene en una biografía, hay algo que nadie (ni tan siquiera ella) te puede quitar: la libertad de poder escribir tu propia historia.

    Rasgos que la delatan

    Hay distintos tipos de madre tóxica, pero en todas se detectan estos cinco adjetivos.

    1. Infantil Exige una admiración excesiva, y el rol está invertido: eres tú quien asume el papel de madre.
    2. Narcisista Se cree poseedora de la verdad más absoluta, y con más capacidades que otros.
    3. Víctima Se siente como una incomprendida, y piensa con total seguridad que todos conspiran en su contra.
    4. Envidiosa Recela de los éxitos de los demás o cree que ella es la envidiada.
    5. Manipuladora Hace uso de la palabra, de la queja y de la comunicación no verbal en su propio beneficio.

    Señales de alerta

    Si en casa acostumbras a vivir alguna de estas situaciones, ¡actúa!

    • No te inspira ningún tipo de empatía, es fría y distante. Jamás te ha dado un abrazo (tanto en sentido literal como metafórico).
    • Te critica constantemente y te hace sentir mal. Hace comentarios peyorativos.
    • No te llevas bien y, sin embargo, hay algo que te impide distanciarte de ella.
    • Sientes que no discute: enreda (cuando no entiendes lo que te cuentan, es que te están manipulando).
    • Nunca te felicita por tus éxitos, y hasta suele menospreciarlos en público.

     

    NAM/Cosmopolitan

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