«No estoy aquí para pedir asilo político. Podemos garantizar mejor nuestros derechos y cumplir nuestras obligaciones desde aquí. ¿Cuándo regresaremos? Iremos decidiendo, cada día hay una evolución, dependerá de la información que tengamos. No hemos abandonado el gobierno, vamos a seguir el trabajo a pesar de la oposición». Ex presidente cesado de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha asegurado esta mañana desde Bruselas que permanecerá por un tiempo indefinido en «la capital europea», que apoya la celebración de elecciones el 21 de diciembre y que «respetará su resultado«.
Igualmente, a pesar de que él mismo y puede que parte de sus antiguos consellers estarán en Bélgica, ha pedido que «quienes defendieron las escuelas el 1 de octubre, defiende el sistema institucional catalán».
«Vamos a apoyar las diferentes iniciativas que se han puesto en marcha para evitar que la aplicación el artículo 155 se lleve a la práctica y acabe desmontando el sistema institucional catalana. Apoyamos a sindicatos, a quienes se han quedado en su puesto de trabajo y le pedimos que hagan lo posible para evitar la demolición del sistema institucional». Tres consejeros cesados preguntados por este diario han señalado que no saben qué harán o si ellos también se quedarán en Bélgica, aunque sea de forma temporal. «No lo sabemos, ya veremos, no está decidido», ha explicado Joaquim Forn.
Preguntado expresamente por este tema, el president cesado ha dicho que volverá «cuando haya una serie de garantías que ahora mismo no existen. Hay una enorme violencia por parte del Estado. No hay ninguna protección. Cando se han hecho con el control de la policía catalana cesando a la persona que dirigió la operación tras los atentados de Barcelona quedó claro que no hay protección», ha señalado. «Depende, claro, de las circunstancias. Si hubiera garantías inmediatas de un trato justo, si la reacción del Estado fuera neutral y nos garantizara a todos la separación de poderes, si garantizaran eso retornaría inmediatamente», zanjó.
En una mesa, con la bandera catalana y la europea de fondo, y acompañado de Joaquim Forn, Meritxell Borràs, Toni Comín, Dolors Bassa, Meritxell Serret, Lluis Puig y Clara Ponsatí. Pero sin la presencia de su abogado belga, Paul Bekaert, Puigdemont ha arremetido contra el Gobierno y el fiscal Maza «cuya querella no se sustenta jurídicamente y ha sido reprobada por el Parlamento español».
«Este gobierno podría haber optado por mandar a sus funcionarios a una disputa por la hegemonía, pero ha preferido garantizar que no haya violencia. No se puede construir la república desde la violencia. Si el estado quiere que sea así, será su decisión pero no nos puede arrastrar a un escenario que todo el movimiento soberanista ha rechazado de forma consistente. El Gobierno dijo que no pondría a los funcionarios en una situación de riesgo. No les obligaremos a tomar partido, son servidores del país por encima de todo. Si el precio es retrasar el despliegue de la república, es un precio razonable en la Europa del siglo XXI», ha señalado el ex president.
En su intervención, Puigdemont ha sido claro sobre las elecciones. «Nosotros vamos a respetar los resultados de las elecciones convocadas el 21 de diciembre. ¿Harán ellos lo mismo? ¿El bloque del 155 va a respetar el resultado de las urnas? ¿Lo hará el Estado si hay mayoría de fuerzas independentistas? Nosotros sí y la mayoría de la población catalana, también».
Los motivos de su viaje
Puigdemont ha intentado aclarar los motivos que le han llevado a viajar a Bruselas y a dejar Cataluña. Ha explicado que han sido cuatro:
1. Por una parte, evidenciar, a su juicio «el grave déficit democrático que se da a día de hoy en el Estado español», señalando que la Justicia en España está politizada. Se ha referido directamente a la querella que la Fiscalía General del Estado ha presentado contra él, los ex miembros del Govern y ex miembros de la Mesa del Parlamento catalán por presuntos delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos.
2. Segundo, asegurar al mundo que aunque buena parte de su «gobierno legítimo» esté en Bruselas, otra parte se ha quedado en Cataluña para «seguir trabajando» y que «vamos a defender que la querella del Estado es una querella política. Por lo que nos vamos a defender de manera política con los límites que suponen nuestra estrategia de no confrontación».
3. Tercero, que harán todo lo posible para «apoyar las iniciativas para que el 155 no se lleve a la práctica».
4. Y, por último, decirle al Gobierno central que «las elecciones son un reto democrático y no nos dan miedo los retos democráticos». A su parecer, los comicios convocados son «un plebiscito para legitimar el 155».
Puigdemont ha llegado a la sede de la Asociación de Prensa Internacional de Bruselas apenas unos minutos antes de empezar la rueda de prensa. La sala no parecía la más apropiada para el evento, con capacidad para apenas cincuenta sillas cuando más de 200 personas trataban de apiñarse. Sin conexión a internet ni apenas cobertura para los teléfonos móviles y los equipos de televisión. A las puertas, unas decenas de personas, banderas española, gritos de «sinvergüenza» contra el president cesado.
Desde su llegada en la víspera a la capital comunitaria, Puigdemont sólo había sido visto apenas una hora antes, cuando un grupo de periodistas lo vio entrar en la sede de la European Free Alliance, el grupo de la Eurocámara que acoge a los movimientos independentistas, separatistas y regionalistas. El equipo de Puigdemont, coordinado por los eurodiputados Ramón Tremosa, Josep María Terricabras y Jordi Solé y sus asistentes, había tratado de reservar una sala más grande en el Residence Palace, un edificio situado justo en frente del Consejo europeo y en el que tienen su sede muchos medios europeos. Las instalaciones son sin embargo del Gobierno Federal, y según el diario Le Soir, la gerencia optó por rechazar la solicitud, lo que obligó a improvisar un nuevo lugar.
En todo momento, Puigdemont ha tratado de evitar problemas con sus colegas nacionalistas flamencos, señalando que «está en Bruselas y no en Bélgica«, que no va a mantener contacto con políticos locales y que no quiere mezclar asuntos diferentes.
El Mundoes
