miércoles 3 de junio de 2026

Canelo y Chávez Jr, suben al ring por la sobrevivencia

La afición espera ver este sábado un combate digno de la jornada, cuando Julio César Chávez Jr. y Saúl «El Canelo» Alvarez se midan en la T-Mobile Arena del Casino MGM. Los monstruos del pugilismo de México los contemplan con cierto aire de escepticismo, desconfiados de la herencia concedida. Los dos despiertan dudas y contrastes.

En términos de plástica, Canelo intenta ser un hombre pincel fino, siempre vestido a la perfección, enfundado en sus trajes de Armani y sus cortes de pelo milimétricos. Un galán de telenovela de hablar pausado y seguro.

Chávez Jr. resulta un obrero de brocha gorda, con un aire desgarbado y una apariencia desaliñada, ajeno a tiempos y convenciones, hablando con hilillos de voz siempre a punto de quebrarse, devorado por la sombra de su padre.

Canelo es el boxeador más refinado y completo. Sin ser la maravilla que por ahí se pregona, tiene bien entendidos los fundamentos de su disciplina, sabe golpear, buscar la palanca perfecta para soltar las combinaciones, especialmente un gancho de zurda -lo tira como nadie- y una derecha devastadores.

El hijo de la leyenda, con un sórdido historial de sustancias prohibidas, compromisos de libras no cumplidos y desmanes de entrenamiento, se base en su resistencia natural y un poder innegable, la materia prima imprescindible para sobrevivir en este deporte.

Ninguno de los dos merecía estar aquí, pero ya no vale la pena hablar de eso, ni del peso intermedio tan eficazmente fijado por el Canelo. Miremos el vaso medio lleno y pensemos en qué hace esta pelea potable, porque interés existe y una buena parte de los aficionados la contemplarán, aunque no dejen de criticarla en público.

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