El periplo internacional que emprendió Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y reconocido como «presidente encargado» de Venezuela, por Europa, Canadá y Estados Unidos, teniendo como punto de partida la ciudad de Bogotá, Colombia, buscaba instaurar un nuevo elemento en la estatus quo de crisis del país: llevar al gobierno de Nicolás Maduro a un nivel extremo de tensión para forzarlo a negociar el poder.
Es por ello que la travesía del líder opositor por Bogotá (Colombia), Londres (Reino Unido), Davos (Suiza), París (Francia), Madrid (España), Ottawa (Canadá) y Miami (Estados Unidos) se centró en consolidar una plataforma de presión internacional que, hasta ahora, podría configurarse a corto o mediano plazo como una coalición diplomática occidental que presione con una política exterior mancomunada ante la ONU y directamente al gobierno venezolano para que este acceda a realizar unas nuevas elecciones presidenciales como salida a la crisis de Venezuela.
Sin embargo, los efectos políticos prácticos en términos reales de la estrategia de las sanciones y la presión diplomática quedan disueltos, a pesar de que sí hacen mella en las finanzas del Gobierno, debido al férreo sistema de control político, económico y militar interno que ejerce la administración de Maduro.
Entonces, aunque se avizora una posible nueva ola de sanciones por parte de EEUU y Europa a las fuentes de financiamiento y estructuras con las que el gobierno de Maduro moviliza sus capitales, aunado a un posible bloqueo naval estadounidense sobre rutas marítimas que usa el Gobierno para importar los cargamentos de euros en efectivo que obtiene de la venta de oro nacional a Rusia y Turquía, la cúpula de poder del chavismo no muestra señales de repliegue en el terreno.
Se baraja la posibilidad de que Guaidó regrese mañana, martes 4 de febrero, al país por el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Sin embargo, existe la expectativa de que el gobierno de Maduro busque imponer sus mecanismos de represión y retaliación contra el líder opositor mediante su aparato de inteligencia, el Sebin, ante lo cual no se descarta una posible detención del presidente de la AN, en vista de la retórica de anulación política que los funcionarios del Gobierno y el propio Maduro utilizan en su discurso al referirse a Guaidó y su ala de la oposición.
Al tratar de inducir tensión en su retorno al país con llamados a movilizaciones de calle, Guaidó busca generar un contexto de presión social interna que destrabe nuevas sanciones de EEUU al gobierno de Maduro y el efecto de esas medidas sean tan fuertes que el buró político del chavismo considere la opción de ceder un poco de terreno y volver a sentarse en una mesa de negociación, que podría ser la última, con Guaidó, su sector de la oposición y/o con funcionarios de la administración Trump bajo las premisas claras de concesiones políticas, cuotas de poder y control del gobierno nacional para un eventual proceso de transición política.
Ricardo Serrano
