Piraguas y barcos petroleros seguían su luz. El balizaje sustituyó su resplandor, pero fue y sigue siendo ícono de Zulianidad. Se trata del halo de luz que nació en el puerto y tenía un alcance de 11 millas, guía que iluminó a los marinos que se aproximaban a la imponente bahía de Maracaibo.
La señal asentada entre los actuales muelles seis y siete se convirtió en el faro más importante de la cuenca debido a su estratégica ubicación. Su resplandor recibía a las embarcaciones que atracaban en el malecón a cargar o descargar mercancía.
Los registros existentes indican que la primera estructura fue de madera y luego se construyó un tutor metálico, del cual permanece una réplica en el acceso del puerto de Maracaibo.
La atalaya más representativa del siglo XX en el Caribe fue, según Julio Portillo, la de República Dominicana: “Se trató del más importante de esos cien años. Casi todas las islas del Caribe fueron instalando estas guías que se convirtieron en elemento clave para la navegación nocturna”.

En el caso de Maracaibo, narra el capitán de altura, Régulo Domínguez, quien comenzó a navegar el lago en una piragua, cuando apenas tenía 14 años: “El faro se convirtió en una referencia geográfica al extremo, todas las construcciones civiles se apoyaban en la ubicación de la linterna. Cuando se hacía mención a alguna dirección se decía ‘a tantos grados al norte o al sur del faro’ es decir, el faro era un punto de referencia”.
Petroleros beneficiados
Los barcos que llegaban a cargar petróleo también se beneficiaron de la guía del faro, así lo expresa el capitán: “de hecho, fueron las empresas petroleras las más interesadas en su instalación”.
Y agrega: “Dicen que, cuando se hundió la embarcación ‘Ana Cecilia’ hubo náufragos que se apoyaron en la luz del faro y lograron salvarse. Para esa época, había pocas luces en el lago”.

La leyenda de Bartolo
Una narración urbana encontró en la columna de 47 pies de altura un basamento. “La historia habla de un piragüero que tenía un hijo llamado Bartolo como marino de la nave y comenzó a llamarlo, pues quería ir a la orilla. El joven tenía la pequeña embarcación atracada cerca del faro y sus oídos no respondían ante el llamado de su padre que le decía: ‘Bartolo, tráeme el cayuco…’
Así que, lleno de furia –prosigue narrando el capitán Domínguez- el padre se lanzó al agua y llegó nadando hasta el lugar y encontró al muchacho tumbado por una borrachera, hecho que lo enfureció y en un acto de soberbia descargó cinco puñaladas en el cuerpo de su hijo y lo mató”.
“Cuenta la leyenda –continúa- que el padre se tiró al agua a ahogarse después de ver lo que había hecho y desde entonces, todos los Jueves Santos dicen que en el faro se oye la voz del piragüero diciendo: ‘Bartolo, tráeme el cayuco…’

Los niños y el faro
El capitán, cuenta esta leyenda y recuerda su infancia: “Cuando éramos carajitos, nuestros padres nos metían miedo con ese cuento y nos advertían que, si nos bañábamos en Semana Santa en la playa o decíamos malas palabras en esos días, nos iba a salir ‘el muerto del faro’ que es el papá de Bartolo”.
A sus 69 años, Jesús Carroz, nacido en Santa Lucía, regresa igualmente a su niñez para recordar la imponencia de aquel faro al cual su papá lo llevaba con frecuencia.
“Era alto y tenía una luz para que los barcos supieran dónde estaban. Mi padre me decía que no me acerara porque era muy hondo”.

Sitio de encuentro
El historiador Orlando Arrieta expresó que el faro se convirtió en un lugar de encuentro para los pobladores cercanos a la orilla: “Poetas como el famoso José Ramón Yépez, se acercaban al lugar. Se dice que murió ahogado tras caer embriagado en un punto cercano del faro”.
Los dichos como: “Pórtate bien o, si no, te tiro de la punta del faro” se impusieron durante varios años entre los maracaiberos, quienes encontraron en la armazón metálica un ícono que traducía las costumbres de un pueblo costero, refirió Arrieta.
Personas con intenciones suicidas amenazaban con lanzarse desde el extremo de la señal luminosa: “Estoy tan obstinado, que, un día de estos me voy a lanzar de la punta del faro”.
El compositor gaitero Euro Morillo, de 67 años, quien vivió varios años en Cabimas, aseguró que el destello se divisaba en los pueblos de la Costa Oriental.

Aunque su papel fue reemplazado por la instalación del canal de balizaje, en su lugar permanece un faro que sigue siendo una señal para quienes surcan las aguas del histórico lago.
La imponente estructura vive en la memoria de los experimentados marinos y maracaiberos de la costa que disfrutaron de su existencia.
NAM/Margioni Bermúdez/Viejo Zulia
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