sábado 6 de junio de 2026

¡ZULIA HISTÓRICA EN NAM! Del ingenio y la popularidad: Abastos «Las Quince Letras» Maracaibo en su esencia

Gaiteros, poetas y personajes de antaño se pasearon por  la tienda. Su nombre sumó exactamente quince letras. «La Muerte», «EI Cotuo», «Cebolla», «Carne Frita» y «Rubén EI Campanero» se contaron entre los personajes que concurrían en ella, pero, muchos más lo hicieron, incluso se dijo que hasta un ilustre poeta como Udón Pérez, alguna vez acudió.

Fachada colonial, puertas amplias y techo de tejas caracterizaron la bodega que sirvió como punto de encuentro para los pobladores de la Maracaibo de antaño. «Las Quince Letras», nombre que suma igual número de caracteres, se erigió como un lugar propicio para adquirir todo cuanto faltara en el hogar.

Víveres, carnes, verduras, granos, refrescos, golosinas, hilos y refrescantes cervezas se encontraban en el local provisto de repletos estantes, comenta José Puche, sastre y, ex furrero de EI Saladillo. «Las Quince Letras» vinía a ser lo que hoy es un «colmado» en la República Dominicana, es decir, una licorería-abasto.

El marabino, que nació en 1924, refleja en sus recuerdos de •infancia las tertulias que se formaban en los alrededores de la tienda, ubicada a pocos metros de la Basílica y frente al «hospitalito» Chiquinquirá. «Me gustaban mucho las conservas de coco que vendían allí, recuerdo también los dulces de limonsón».

Foto Referencial *

Popular

«Era un abasto muy concurrido, porque la gente encontraba de todo a buen precio. Al lado quedaba la botica Occidental de Olimpiades Galue, también desaparecida», narra Puche.

«La Muerte», «Cebolla», «Rubén EI Campanero», «El Cotuo», «Carne Frita» y «La Barquillita», se contaron entre los personajes que pasaban casi a diario por el sitio», señalaba Enairo Villasmil, llamado cariñosamente «el joyero de la Virgen».

«EI negocio tenia detrás una cafetería, de lunes a viernes pasaba a desayunar antes de irme al trabajo», comentaba Villasmil.

Propietario

«El dueño era Luís Arrieta, hombre de modales, sencillo y muy afable», refiere el poeta de EI Saladillo, Senen Oliva.

«Conocí muy bien a Luis Arrieta. El llevaba el palio del sacramento el tercer domingo de cada mes, pues debía una promesa. Fue uno de los fundadores de la cofradía el Santísimo. También fue jefe civil, pero no duro mucho allí porque era muy honesto», aseguró Villasmil.

«EI tuvo que desocupar la tienda cuando comenzaron con los planes de demolición».

La destrucción

El inicio de la remodelación de EI Saladillo puso fin a la estructura, comentó Guillermo Ferrer, cronista de Maracaibo.

«EI derrumbe de las tres’ primeras manzanas se inicio el 1de julio de 1971, bajo el primer mandato de Rafael Caldera. Alfredo Rodríguez  Amengual, ministro de Vivienda en la época, fue el encargado de dar el primer piquetazo para derribar las casas y establecimientos correspondientes a El Saladillo y parte de sus alrededores», explicó el historiador.

Un lugar propicio para adquirir todo lo que hacía falta en el hogar.

Oliva refiere en uno de sus escritos:

«Saladillo que te irás con el correr de los años /
que amargura y que dolor /
Oh! triste cruel desengaño /
tus callecitas humildes /
pletóricas de ilusiones /
y esos días tan felices /
tranquilos de evocaciones /
recuerdo de aquellos tiempos /
Puerto Arturo y La Gaveta /
y también la VOC junto con Las Quince Letras».

Foto Referencial *

Anécdotas

«Mi memoria registra una anécdota muy particular, entre las tantas que sucedieron en la bodega- refiere Audomaro González, nacido en 1925- Un hombre apodado «EI Guacharaco», de mala fama y camorrero, hirió con una navaja a otro que se encontraba comprando algo en la despensa.
Al pobre se le salieron los intestinos y este se los sostuvo y salió corriendo al hospital que quedaba muy cerca, alii lo cosieron y lograron salvarle la vida».

Las tertulias

Habitante en la década de los años 20 de la avenida 14 de EI Saladillo, Rodolfo Urdaneta, parroquiano que nació en 1923, rememora emocionado sus ratos de tertulia entre cerveza y cerveza.

«Era un ambiente muy tranquilo, uno las pedía adentro y se las tomaba frente al local entre cuentos, chistes y gaitas. Rara vez había una pelea, todo era muy sano», afirmó.

Desde Los Haticos por abajo, Silvino Camacho, hoy con 75 años, dijo que se dejaba venir para admirar la particularidad de lugareños que solían acudir al establecimiento.

«Siempre habían muchas personas que entraban y salían.
Yo estaba muchachón y disfrutaba escuchando las cosas que hablaban».

Foto Referencial *

* Las fotografías referenciales no pertenecen al Abasto Las Quince Letras, son imágenes que solo reflejan un símil de lo que fue el abasto Las Quince Letras || Fuente de Origen: La Venezuela de Antier.

NAM/Viejo Zulia/Texto: Margionis Bermúndez

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