• ¡UN ‘COYOTE’ MARACUCHO LO RECIBIÓ! La temeraria travesía de un CPBEZ de Maracaibo hasta Texas (CAPÍTULO I)

    Cada cabeza un mundo, cada mundo una historia, cada historia una vivencia y, en tiempos de pandemia, de crisis y escasez, brota el ímpetu de muchos por buscar para sus hijos un mejor vivir, un porvenir. José Andara Rivas y Ernesto Ríos Blanco, comunicadores sociales con la sensibilidad y la pertinencia de ser portavoces de historias que vale la pena contar, nos adentramos, a través de una entrevista exclusiva para Noticia al Minuto (NAM) en la temeraria travesía de este coterráneo nuestro, de este zuliano que superó, primero el miedo y luego los mil y un obstáculos para llegar al destino que se fijó, todo para abonar un camino de vida digna y próspera a sus pequeños.

    ¿Qué venezolano se iba imaginar transitando por los peligrosos e inciertos caminos de la migración ilegal hacia otras latitudes, porque tu país, la Venezuela que con ilusiones viste al nacer, que de algún modo te ofreció una buena educación y el sueño de poder progresar, hoy día no ofrece sino inseguridad, hambre, miseria, desazón y una vida llena de ilimitadas limitaciones; un desguazo institucional y comercial con una profunda escasez y una pésima calidad de vida?

    Desde los Estados Unidos, conocimos de boca de su propio protagonista la travesía que representa para miles y millones de latinos y hoy en día muchos venezolanos poder abrazar el llamado “sueño americano” por una sola razón entre miles, tus hijos.

    Esta es la historia de nuestro caminante, que por razones de seguridad omitiremos su verdadera identidad y en lo sucesivo lo llamaremos “Jerry”, maracucho, ex funcionario policial y padre de familia.

    Un CPBEZ que se cansó de padecer como padecen todos nuestros policías, pero que, fundamentalmente, había algo que no lo dejaba dormir por las noches, le taladraba el alma, le carcomía las entrañas, le invadía la mente como un espantoso chillido de esos ensordecedores: sus hijos, un bienestar para ellos, un país de oportunidades para ellos que les garantice calidad de vida y que cuando papá y mamá no estén, haya un sistema, un Estado y un país que los cobije y los proteja en el más amplio sentido que merece un ser humano.

    Aquí está la historia de “Jerry” y su travesía desde Maracaibo hasta Texas, en los Estados Unidos y la gente que tuvo que conocer, con quienes tuvo que tratar, entre ellos un ‘coyote’ nada más y nada menos que maracucho también.

    Un coyote, para quienes no se familiarizan con el término es un especie de «guía». La patrulla fronteriza los califica de «traficantes de humanos» pero, ellos se defienden y aseguran que su labor es preservar «a toda costa» la vida del migrante que va por los caminos ilegales, cruzando ríos y saltando muros, todo lo cual implica mucho, pero mucho dinero.

    Esta historia la dividimos en cuatro capítulos; los cuatro grandes pasos en una temeraria travesía desde Maracaibo hasta San Antonio de Texas, contada íntegramente por su protagonista.

    I

    “Sin mencionar cómo llegué a Quito, Ecuador y cuánto tuve que pagar para ello, voy a decirte que volé por escalas Quito – Ciudad de Panamá – Ciudad de México. No fue una decisión fácil. Yo veía que las cosas en mi Maracaibo amada cada vez empeoraban.

    Aún hay muchos que pueden sortear las vicisitudes, pero otros, desafortunadamente no podemos, no tenemos como. Sufrimos las horas y deshoras de apagones. Mi niño tiene cinco años, imagínate el sufrimiento cuando tenía tres y cuatro años. Su madre y yo no dormíamos de noche, de madrugada, soplándolo con un cartoncito a media noche o por la tarde cuando quitaban esa luz por ocho, diez, doce, dieciocho horas, era algo inhumano, criminal.

    Y luego, cuántas veces no tuve que pernoctar en una cola de gasolina, siendo el carro número 600 de la cola, sin la certeza de que al día siguiente tanta espera valiera la pena, todo picado de plaga, sin poder dormir, temeroso de un atraco.

    Y en mi comando, cuánto padecimiento, que a veces no comíamos sino una arepa sola con mantequilla, e incluso a veces la madre y yo no comíamos nada, nos quitábamos la arepita sola de la boca pa darle a los carajitos, son esas y muchísimas cosas más lo que lo animan a uno, a sí sea trochando, como nos tenemos que mover los pobres, de buscar un mejor futuro para ellos sobre todo.

    II

    En Ciudad de México, para asegurar el sello del pasaporte de entrada, tuve que pagar 800 dólares por persona, incluyendo a mi hijo de 5 años. Vos podéis entrar a todo riesgo, pero si se enamoran tuyo te echan para atrás, no te lo sellan, porque ya ellos saben a lo que van los venezolanos. Debes asegurar que eso no te ocurra y yo lo pude hacer a través de un contacto allí de mi cuñada, quien por cierto es un maracucho. El que trabaja con eso, el ‘coyotero’ es un maracucho.

    De México volé a Monterrey, 706 kilómetros, 54 minutos en avión. En Monterrey nos recoge la gente de ese chamo (el coyotero maracucho) y nos traslada a una de las cinco casas que tiene ahí en Monterrey. Ahí nos hospedamos, nos bañamos, nos ofrecieron comida, descansar, ponernos cómodo y así finaliza el primer día de travesía”.

    II

    “No duermes. Aunque el cansancio te vence y puedes adormitarte, pero la angustia, el nerviosismo y principalmente la responsabilidad que tienes sobre tus hombros llevando contigo a toda una familia. Conmigo iba mi esposa, mis hijos y mi suegra, hay que tener agallas y mucha resistencia para soportarlo, pero sobre todo fe y eso es lo que nunca me faltó. No terminan de ser las 5.00 de la mañana del día siguiente cuando nos tocan la puerta porque viene la segunda parte de la travesía. Tienes que atravesar, no uno, ni dos, sino tres, tres ríos.

    Así concluye la primera de las cuatro cruzadas de «Jerry» quien agotado se acuesta junto con su esposa y sus muchachos para esperar el segundo día de travesía.

    No dejes de leer el segundo capítulo de esta interesante y conmovedora historia

    CONTINÚA MAÑANA…

    NAM/José Andara Rivas/Ernesto Ríos Blanco