Desde el 31 de julio, Venezuela suspendió sus vuelos comerciales con Panamá, República Dominicana y Perú, una decisión calificada como “política” por la Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV), lo que ha reducido en un 54 % la conectividad internacional del país. Antes de la medida, Venezuela contaba con 181 vuelos semanales internacionales, pero hoy quedan 83, lo que representa una pérdida de unos 15 mil asientos disponibles, según Marisela de Loaiza, presidenta de la asociación.
De Loaiza destacó que la drástica reducción de vuelos afecta no solo al turismo, sino también a la economía del país. Además, señaló que esta decisión es difícil de comprender y advirtió sobre su impacto en la recuperación económica y turística de Venezuela, que apenas comenzaba a levantarse tras las restricciones impuestas por la pandemia del COVID-19.
El gobierno venezolano justificó la suspensión temporal como una respuesta a lo que denomina “injerencismo de gobiernos de derecha” en las recientes elecciones presidenciales, donde Nicolás Maduro fue reelecto en medio de controversias por posibles fraudes. Como parte de esta respuesta, se expulsó al cuerpo diplomático de los tres países afectados por la medida y de otras naciones como Argentina, Chile y Uruguay.
A pesar de rumores sobre una posible extensión de la suspensión hasta el 30 de septiembre, el Ministerio de Transporte aclaró que la medida sigue vigente y no tiene una fecha de expiración.
Una conexión vital para Venezuela
La suspensión de vuelos con estos tres países tiene implicaciones profundas, dado que representaban importantes enlaces para el país. Panamá, por ejemplo, era un puente clave para llegar a Estados Unidos, mientras que Perú facilitaba la conexión con otras naciones sudamericanas. La pérdida de estas rutas agudiza la ya limitada oferta de vuelos internacionales directos de Venezuela, que desde 2013 ha experimentado una caída significativa.
En aquel año, Venezuela contaba con 352 vuelos internacionales semanales, pero para 2019 solo quedaban 100 debido a la retirada progresiva de aerolíneas, provocada por la crisis económica y la dificultad de repatriar fondos. Ahora, la suspensión de más rutas deja a miles de viajeros sin opciones, muchos de los cuales han tenido que cancelar o modificar sus planes de viaje.
Impacto en el turismo y el sector aéreo
Además de afectar a los viajeros, la suspensión perjudica gravemente a los aeropuertos venezolanos, que pierden ingresos por la falta de operaciones internacionales. Según De Loaiza, estos aeropuertos conectaban a diversas ciudades del país con el mundo, y su interrupción impacta directamente en la economía del sector turístico, el cual ha sido duramente golpeado en los últimos años.
La presidenta de ALAV también advirtió sobre las dificultades de reactivar las rutas una vez que se levante la suspensión. “No es que los aviones están parados esperando que Venezuela abra, esos aviones están yendo a otras rutas”, explicó, dejando en evidencia que recuperar el nivel de conectividad internacional anterior a la suspensión será una tarea compleja.
Por otra parte, la situación podría agravarse aún más si se interrumpen los vuelos con España, una conexión vital entre Venezuela y Europa. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, sugirió recientemente que el gobierno venezolano podría tomar medidas para suspender las relaciones comerciales y diplomáticas con España, lo que incluiría el cese de vuelos entre ambos países.
NAM/Agencias
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