viernes 5 de junio de 2026

¡TODO UN RETO! Ser gay en la India es una constante lucha contra el acoso

Si hace diez años le hubieran dicho a Ayesha Kapur que ayudaría a liderar la lucha contra una de las leyes más antiguas del mundo que criminaliza las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, jamás lo habría creído. Durante gran parte de su vida, siempre tuvo miedo de hablar de su sexualidad, Kapur, quien creció en Nueva Delhi durante la década de 1980, no conocía a ninguna mujer de la comunidad homosexual ni tenía puntos de referencia en las películas de Bollywood que le proporcionaran el vocabulario para expresar lo que estaba sintiendo. Recuerda que el término “lesbiana” era “como una mala palabra”.

Tres décadas más tarde, Kapur, quien se describe como una persona que resguarda mucho su privacidad y la mayor parte del tiempo es apolítica, se convirtió en integrante del primer grupo de la comunidad gay que pidió cambiar la ley, conocida como el artículo 377, con el objetivo de dar un paso adelante, Kapur, de 43 años, y otros solicitantes admitieron ante el tribunal que eran criminales bajo una ley utilizada de manera rutinaria como pretexto para acosar, chantajear y abusar sexualmente de las personas LGBT.

 “Según la ley de esta tierra, pueden esposarme”, dijo. “Es una perspectiva muy real., nada evita que la policía entre a las casas de las personas solicitantes”.

Este verano, se espera que el Tribunal Supremo de la India considere esas peticiones mientras revisa la constitucionalidad del artículo 377, lo cual les da esperanza a los abogados y activistas que durante años han luchado contra esa ley.

Sin embargo, esa esperanza no es absoluta por los años de decepciones que han experimentado. Incluso ahora, es un riesgo calculado identificarse públicamente como una persona homosexual en la India o promover un cambio de las leyes.

En entrevistas realizadas durante tres meses, personas de la comunidad LGBT de todo el país describieron los riesgos de vivir en un país que los ha obligado a ser forajidas: son rechazadas por sus padres, sufren aislamiento social, tienen pocas protecciones en los sitios de trabajo y también sufren una vulnerabilidad aterradora ante el abuso de la policía y la violencia sexual, pues sus recursos legales son limitados.

Kapur, quien trabaja en la industria de los alimentos y las bebidas, dijo que decidió hacer algo al respecto porque ya se había cansado de la situación.

“¿Por qué somos invisibles?”, preguntó. “¿Nos hemos hechos invisibles? ¿O nos han hecho invisibles? No quiero que me consideren una criminal. De eso se trata”.

En Bilaspur, una calurosa ciudad ubicada en la región central de la India, Rajesh Yadav relató que la habían violado en grupo cuatro veces en menos de un año, la golpearon con un ladrillo y casi la arrojaron de un vehículo en movimiento debido a su sexualidad.

“Cada vez les rogaba que me dejaran en paz, pero me golpeaban y eran violentos conmigo, y después me violaban”, dijo Yadav, quien es tan delgada que los rasgos de su rostro, como los pómulos, lucen bien definidos. A sus 25 años se identifica como una persona gay y travesti de sexo masculino que prefiere los pronombres femeninos. “Si les contara mi historia, tendría que hacerlo durante varios días”.

En 2014, cuando un médico de Bangalore denunció que varios hombres con los que tuvo sexo lo extorsionaron por una suma cercana a los 25.000 dólares, la policía arrestó a los delincuentes pero después registraron al médico bajo el artículo 377, explica Danish Sheikh, un profesor adjunto en la Jindal Global Law School en Nueva Delhi.

“Aquí el médico es la víctima y el perpetrador”, dijo. “La ley tiene un efecto perturbador en tu capacidad para acceder a la justicia”.

A menudo, las víctimas de chantaje y ataques sexuales no quieren acercarse a la policía precisamente por esa razón, pues temen que las arresten o les hagan algo peor. “Extorsionan a quienes tienen dinero; a los pobres los usan para obtener favores sexuales”, dijo Mohnish Malhotra, un activista por los derechos de las personas homosexuales en Nueva Delhi.

NAM / BBC / Arybett Acosta.