Los motivos de este notable descenso en nuestras relaciones se deben a múltiples factores, aunque entre sus principales claves se encuentran las largas y agotadoras jornadas laborales. La mayoría de la población activa del planeta invierte un gran número de horas al no disponer de un horario de trabajo flexible o intensivo, que por otra parte roba tiempo a las horas de asueto. Además, los desplazamientos exigen una gran cantidad de tiempo y energía todos los días.
Esto provoca que no consigan tener una conciliación familiar y/o de pareja, por lo que el poco tiempo que les queda libre, tras regresar a sus hogares, lo prefieren invertirlo en ocio y descanso en lugar de aprovechar para practicar sexo. La estresante vida, tanto laboral como familiar, sobre todo si se tienen que atender a hijos o personas dependientes, obliga a que el tema de las relaciones íntimas quede relegado a un segundo plano.
E incluso tercero, debido a que, cada vez son más quienes dan prioridad a mantener relaciones sociales y ver a los amigos, cara a cara o a través de las redes sociales, que a reforzar los vínculos emocionales con su pareja.
La irrupción de los contenidos de televisión vía streaming y el poder elegir el qué y cuándo se quiere ver algo ha ayudado para que las parejas prefieran, cada vez más, dedicar una mayor parte de su poco tiempo libre a ver series y películas cómodamente en el sofá de casa que a darse un revolcón. Común es encontrar estudios, debates y mesas redondas en los que se aborda el tema, bajo títulos tan ilustrativos como ‘Más follar y menos Netflix’.
Pero no todos los usuarios de ese tipo de plataformas tienen pareja y, por tanto, menor es la oportunidad de poder mantener relaciones sexuales cuando y con quiénes quieren. Ante unas necesidades fisiológicas para desahogarse cada vez son más quienes prefieren ahorrarse todo el trabajo del cortejo y lo que ello conlleva (quedar con alguien, arreglarse, mostrarse de forma encantadora, seducir y conseguir llevar a la cama), optan por consumir a solas porno en Internet.
Una opción cada vez más frecuente entre los jóvenes es tener sexo de forma ocasional y casual con amistades, sin tener que meterse en una relación de pareja, lo cual les ahorra muchísimo tiempo. Es lo que comúnmente se conoce como follamigos o, más sutilmente, ‘amigos con derecho a roce’, y el Diccionario de la RAE se empeñó en bautizar con el término ‘amigovio’.
Otra clave a tener en cuenta es el cada vez mayor número de personas, sobre todo jóvenes, que optan por tener una vida asexual, mostrando apatía hacia cualquier tipo de relación carnal en lo que se conoce como ‘anafrodisia’.
Quienes eligen vivir de ese modo no lo hacen debido a algún tipo de disfunción o problema con el sexo, sino porque no consideran las relaciones carnales como una prioridad. Se encuentran en las antípodas del modo de pensar de las generaciones que nos han precedido, quienes intentaban aprovechar cada una de las oportunidades de tener sexo que se les planteaban, evidentemente porque las ocasiones eran menores.
NAM/Agencias/Pasante Emily Martín
