Una creciente preocupación entre migrantes venezolanos en Estados Unidos está generando un fenómeno inusual en estudios de tatuajes: la demanda de remoción o cobertura de diseños que podrían ser asociados, erróneamente o no, con la banda criminal Tren de Aragua.
Venezolanos residentes en estados como Texas y Arizona están acudiendo con frecuencia a tatuadores para cubrir imágenes que podrían levantar sospechas ante las autoridades. Entre los motivos más comunes se encuentran armas, trenes, frases religiosas y lemas como «Real Hasta La Muerte», popularizados por artistas urbanos, pero que han sido incluidos en listas internas de símbolos presuntamente vinculados con la organización delictiva.
«Me da miedo que me deporten por algo que me hice cuando tenía 16 años», confiesa Olga, una joven venezolana que ahora vive en Houston. Lleva en el brazo las iniciales «RHLM», que decidió borrar tras enterarse de que este diseño es objeto de atención por parte de funcionarios migratorios.
Tatuadores como Manuel Fernández, de origen cubano y con un estudio en Houston, aseguran que en los últimos tres meses han atendido numerosos casos similares. «Vienen angustiados, no por estética, sino por seguridad», afirma. Aunque no ha conocido personalmente casos en que un tatuaje haya derivado en un proceso de deportación, dice que el temor es real y generalizado.
En Arizona, Keon Ostby, un tatuador con años de experiencia, considera que esta medida roza lo absurdo. «Trenes, coronas, rifles… son elementos que llevan años tatuándose por moda. Criminalizarlos como símbolos automáticos de pertenencia es injusto y discriminatorio», critica.
Las autoridades en Texas y otros estados han reforzado sus filtros migratorios tras el aumento de denuncias sobre la presencia del Tren de Aragua en territorio estadounidense. Como parte de estas acciones, se ha divulgado una lista no oficial de tatuajes que supuestamente facilitan la identificación de miembros de esta red criminal, lo que ha encendido las alarmas entre migrantes inocentes.
El temor entre los venezolanos va más allá del cuestionamiento. Muchos temen que un tatuaje pueda convertirse en el detonante de una detención injusta o, incluso, una deportación.
“La tinta no define tu pasado, pero aquí puede marcar tu destino”, concluye Fernández.
NAM/El Nacional
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