sábado 6 de junio de 2026

¡TEMPERATURA EXTREMA! Oymyakon, el lugar más frío del mundo: así es la vida a 60 grados bajo cero

En plena ola de frío polar que asola medio planeta, un lugar en concreto está más que acostumbrado a las gélidas temperaturas del invierno más crudo. ¿Se imaginan una zona del mundo donde la temperatura media en estas fechas sea inferior a los -60 grados? Pues no sólo existe, sino que está habitado: su nombre, Oymyakon, situado al este de Siberia (Rusia), se trata del pueblo con las temperaturas más frías del mundo, donde hasta lo más cotidiano se convierte en una epopeya.

Vivir a estas temperaturas extremas no es nada sencillo y, si no, que se lo digan a los cerca de 1.000 habitantes con los que cuenta Oymyakon. Se trata de una zona donde el invierno comienza en el mes de octubre, y las temperaturas empiezan a rondar los -20 grados. A partir de ahí, y durante cinco meses en los que sólo hay unas seis horas de luz, el frío es extremo, hasta llegar a mayo, donde el calor empieza a hacerse notar. En julio el frío da un respiro y se alcanzan los 30 grados positivos.

Sin embargo, enero es cruel y las temperaturas suelen superar los -50 grados de manera habitual. No en vano, este mismo lunes los termómetros llegaron a registrar hasta 62 grados bajo cero, casi diez menos que la temperatura más baja registrado nunca antes en una zona habitada de nuestro planeta y, cómo no, tomada en este mismo pueblo: -71,2 grados que se alcanzaron en el invierno de 1924. Un frío que obliga a cambiar hasta el más mínimo detalle para evitar problemas.

Como es evidente, las autoridades toman cartas en el asunto en estas fechas: limitan la circulación de vehículos para evitar hipotéticos accidentes o cierran los colegios durante el mes más frío. Pese a que existe una central térmica que funciona a base de carbón para abastecer a la población de Oymyakon, lo cierto es que es insuficiente para evitar que el frío penetre en los hogares. Tanto, que hasta hacer las necesidades en el baño es imposible.

El frío tan alto provocaría que las cañerías reventaran por el hielo, lo que da lugar a que no cuenten ni tan siquiera con agua corriente. Así, los baños se encuentran en una pequeña caseta de madera en el exterior, con un agujero en la densa nieve a modo de retrete. Cuando necesitan agua potable, acuden a los pueblos más interiores o a las termas con las que cuenta el poblado. Pero, al menos cuentan con una buena noticia: no necesitan nevera en casa.

En 2013, un fotógrafo neozelandés llamado Amos Chapple acudió a la zona para inmortalizarla con su cámara, pero pronto descubrió que los aparatos electrónicos se congelan y dejan de funcionar a tan baja temperatura: «Es muy difícil retratar la vida allí. La gente no pasa en la calle más tiempo del necesario, son muy cautelosos. Y las pocas personas con las que uno puede encontrarse no tienen muchas ganas de conversar, conducta totalmente compresible a -65 grados», confesaba.

El Confidencial