La mayoría de las mujeres hemos pasado por etapas en las que ya hasta nos sentimos asexuales. Y es que cuando te acostumbras el sexo no es una necesidad. Bueno, eso dices tú, pero, ¿qué tal tus emociones?, ¿te han dicho que ya te falta un buen acostón? Sobre todo, cuando estás de malas. Tal vez no des cuenta pero tu cuerpo manifiesta señales y es posible que necesites tener sexo, ¡pero ya!
De acuerdo, al experto en relaciones sexuales, Noberto Litvinoff, tal vez estos comentarios no estén tan fuera de lugar. Pues sí, las emociones negativas se intensifican cuando no llevas una vida sexual.
Estas señales te están gritando que tu cuerpo quiere sexo:
- Sensibilidad
Es importante entender que el sexo, no solo es el coito, es una manera natural de mantenernos alejados de enfermedades. Pues, si tus emociones están en equilibrio también tu sistema inmunitario.
Cuando dejamos de tener relaciones sexuales, nuestro estado anímico se transforma. Las hormonas que segregamos durante el acto sexual, como la oxitocina y serotonina disminuyen. Por ello es muy común experimentar periodos de irritabilidad y mal humor.
- Aislamiento
Relacionado al punto anterior está el aislamiento, la ausencia de endorfinas hace que veas los días con apatía. De hecho, es posible que entres en periodos de depresión y ansiedad.
- Estrés
Los altibajos en la vida diaria son una realidad, incluso para las personas que tienen sexo. Sin embargo, cuando la tensión de emociones se acumula empezamos a reaccionar de manera desbordada ante situaciones insignificantes. Es decir, estás segregando hormonas del estrés (adrenalina y cortisol), en exceso y las consecuencias pueden ser simples, como la falta de concentración o graves, como palpitaciones aceleradas en el corazón.
- Euforia
El lado opuesto de la moneda, no llevar una vida sexual también puede provocar que entremos en periodos cortos de euforia (alrededor de una semana). Es decir, pérdida total de lo que sucede en tu vida, aunque aparentemente actúes como feliz, estás triste.
- Fatiga
Es como un círculo vicioso, los cambios de humor hacen que te sientas agotada y ni ganas te dan de encontrar una nueva pareja sexual. Además, hace tanto tiempo que no lo haces que no te sientes lo suficientemente segura y atractiva. Empiezas a perder el apetito y deseo sexual.
