Un karma que se hace costumbre. Cada mes cientos de miles de adultos mayores pasan por el calvario de hacer una cola sin la esperanza de recibir lo que más anhelan: efectivo, que sirve para paliar su más grande necesidad, que es la de comer y comprar medicinas.
Las agencias bancarias en Maracaibo, especial las que pertenecen al Banco Bicentenario, responden a los pensionados, luego de hacerles esperar horas que “no hay efectivo” o “solo pagaremos a la primeras cincuentas personas”.
Este lunes la capital zuliana amaneció caldeada, con cientos de “soldados de la tercera edad” estuvieron dispuestos a montar su trinchera en la avenida 5 de Julio y paralizar a una metrópolis que no les escucha, que sigue su volátil ritmo a espaldas de ellos.
Los “viejitos” tuvieron una baja, un pobre jubilado se rindió ante los latidos del corazón y en el Bicentenario de Costa Verde sufrió un infarto.
Los pensionados están cansados, quieren que se le escuchen, que alguien se tome la molestia de tenderles una mano para que puedan tener el efectivo tan deseado para comer y suministrarse de medicamentos.
Manuel Durán, un jubilado del sector eléctrico, intenta drenar su frustración con la grabadora de un periodista que ve la noticia en sus penurias. Él está cansado de que le digan lo mismo y ser testigo en primera persona de todo tipo de atropello.
“Aquí tenemos tres días esperando por nuestro pago y ahora nos salen de que no hay efectivo”, dijo indignado y señalando a la agencia de 5 de Julio con calle 72 de Bicentenario.
“Cada vez es lo mismo y lo lamentable es que la otra agencia a menos de cien metros están pagando sin problemas, ¿por qué nos castigan?”, se preguntó con el sinsabor de obtener respuesta.
Pan y captopril
Con esta hiperinflación, la pensión rinde para poco. Una cola kilométrica es la única salida para tener el dinero para comprar lo más básico. Un paquete de harina de maíz o el pan de la semana en la panadería, eso sí siempre y cuando el récipe médico lo permita.
Mercedes Fernández, una pensionada del sector público, se fue sin la esperanza de cobrar y con la indignación de tener un pedazo de papel que rezaba que su posibilidad de cobrar estaba a la espera de 179 personas.
“Mijo aquí estoy angustiada, pues en la casa no hay que comer y tengo que comprar las medicinas para la tensión”, gritó con desconsuelo.

NV1/Manolo Portillo
Fotos y Vídeo: Richard Calatayud
