El controversial obispo emérito Juan Barros, señalado como encubridor del mayor cura pedófilo de la iglesia chilena, era interrogado el jueves.
Barros llegó caminando hasta la Brigada de Delitos Sexuales de la policía de investigaciones en la capital de Chile y conversó brevemente con la prensa. Dio a entender que declararía por señalamientos en su contra como presunto encubridor de abusos sexuales a un menor perpetrados por un sacerdote mientras él dirigía el obispado castrense.
La investigación está en manos del fiscal Raúl Guzmán y de su colega de Rancagua, Emiliano Arias, quienes allanaron las dependencias del obispado a comienzos de agosto para buscar antecedentes de abusos que no hubiesen sido denunciados.
Arias explicó hace un par de semanas que un capellán además de ser religioso es funcionario público, por lo que está obligado a denunciar abusos a las fiscalías.
Barros, cuya renuncia a la diócesis de Osorno fue aceptada por el papa Francisco, cuya visita a Chile en enero se vio opacada por estos escándalos, dijo a periodistas que recibió un llamado telefónico citándolo a declarar “al parecer” por el caso Quiroz, en alusión al sacerdote del obispado castrense Pedro Quiroz, que sirvió en Iquique, en el norte del país.
“No tengo mayor información”, agregó Barros.
Francisco visitó Chile en enero pasado pero el viaje dejó bastantes sinsabores, pues defendió a Barros pese a todas las acusaciones en su contra de que habría ocultado los abusos sexuales del cura Fernando Karadima contra menores de edad. Tras una investigación especial, Francisco concluyó que la iglesia local estaba centrada en la “cultura del abuso y del encubrimiento” y pidió la renuncia a los 31 obispos activos, incluido Barros. Hasta ahora ha aceptado sólo cinco.
NAM/AP
