La Copa Mundial de la FIFA 2026 sigue regalando pasajes de altísima intensidad táctica. En un compromiso correspondiente a la jornada inaugural, la selección de Egipto causó una enorme impresión al plantarle cara y dominar por largos tramos a la poderosa escuadra de Bélgica, firmando un electrizante 1-1 sobre el césped de Seattle bajo el sol del mediodía. El conjunto africano desplegó un fútbol fluido y vistoso, pero terminó pagando caro la falta de contundencia, permitiendo que el gigante Romelu Lukaku rescatara un punto para los europeos con solo segundos en cancha.
Muchos analistas y aficionados se vieron sorprendidos con la propuesta inicial de los Faraones. Lejos de ceder la posesión y replegarse en campo propio, el planteamiento egipcio apostó por trabajar con pases cortos y un juego de construcción sumamente compacto desde la línea defensiva para avanzar en bloque. Aunque tardaron en conseguir los primeros remates directos, la recompensa no tardó en llegar ante una Bélgica combativa pero desgastada por el clima, que decidió replegarse en bloque medio para dosificar energías.
El golazo de Ashour y la metamorfosis táctica
A los 6 minutos, Kevin De Bruyne avisó con un peligroso disparo desde el borde del área, mientras que Jérémy Doku intentaba desequilibrar por la banda izquierda; sin embargo, el extremo del Manchester City chocó constantemente contra la férrea e impecable marcación de Mohamed Hany.
Cuando los africanos lograron mover el balón con paciencia en territorio belga, la zaga europea lució descoordinada. En una gran acción colectiva, Mohamed Salah se liberó del centro del ataque, se recostó hacia la banda derecha y habilitó con precisión a Eman Ashour, quien apareció sin marca en la frontal del área. Ante la duda de Thomas Meunier en la cobertura, el número 8 egipcio sacó un potente y teledirigido disparo que se coló en el ángulo de la portería defendida por Thibaut Courtois para decretar el 1-0.
Con la ventaja en el bolsillo, Egipto demostró una enorme versatilidad. Cambiaron a un estilo de pases más directos y retrasaron sus líneas para presionar cerca de su propia área, manteniendo una tremenda agresividad con el balón. Esto sumió a Bélgica en la confusión. Ni Leandro Trossard ni Doku encontraban los espacios tras intercambiar bandas, y el mediocampo belga firmó una primera mitad muy floja. Egipto pudo ampliar la ventaja antes del descanso, pero Courtois ahogó el grito de gol ante un remate cruzado de Ziko, y Omar Marmoush desperdició otra contra clara tras un error de Ngoy.
Ajustes de Rudi García y el factor Lukaku
Para el complemento, el estratega de Bélgica, Rudi García, no realizó variantes de nombres pero sí de posiciones: movió a Charles De Ketelaere a la derecha y colocó a Doku como referencia de área. El cambio dio frutos inmediatos, provocando una falta peligrosa que De Bruyne casi canjea por gol tras estrellar el balón en el poste del guardameta Shobeir.
Pese al asedio belga, Egipto seguía siendo más peligroso de contragolpe. Con la velocidad de Salah y Marmoush a las espaldas de Amadou Onana y Youri Tielemans, los Faraones perdonaron hasta en cuatro ocasiones claras frente al marco de Courtois. Ante la falta de pegada, Rudi García movió el banquillo dando ingreso a De Cuyper y Raskin, pero la llave del partido la tenía en los botines del histórico goleador de la selección.
Al minuto 20 de la segunda mitad, Romelu Lukaku ingresó al terreno de juego en sustitución de De Ketelaere. Solo hicieron falta unos segundos para que el potente delantero hiciera sentir su presencia: Tielemans inició la jugada con calidad abriendo para Meunier por la derecha, este sacó un centro raso y venenoso al corazón del área, y Lukaku entró con tal determinación que forzó al defensor egipcio Mohamed Hany a marcar en propia puerta para el 1-1 definitivo.
Recta final de ida y vuelta
Tras el empate, el cuerpo técnico egipcio liderado por Hossam Hassan movió sus fichas refrescando el equipo con los ingresos de Ramy Rabia, Hamdy Fathy, Zizo y el joven Abdelkarim, dándole descanso a las figuras de Ziko y un exhausto Mohamed Salah.
Bélgica controló mejor el ritmo en los minutos finales gracias al crecimiento de Tielemans y Meunier, permitiendo que De Bruyne jugara con mayor libertad, mientras que Trossard se asociaba con Lukaku en el área. Pese a la intensidad de los últimos suspiros y el cansancio acumulado, el marcador no se movió más. Egipto deja una magnífica carta de presentación ante el mundo, mientras que Bélgica saca un punto con sabor a alivio y toma nota de los ajustes urgentes que requiere para la segunda fecha del torneo.
NAM
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