El afán del día a día y la crisis que agobia al país, no impidió a una marabina, Luisana (nombre ficticio para resguardar su identidad) tender una mano amiga, en su propio hogar, a una madre y sus hijos indigentes que deambulan por las calles de la ciudad.
«Luisana», narró que llegó a una panadería, «a buscar cosas para mi casa y no me contuve cuando al salir vi a la niña y a su mamá pidiendo alimentos, los monté en el carro y me los llevé a mi casa, qué otra cosa podemos hacer en estas condiciones los venezolanos y los marabinos sino tender la mano y compartir de lo que tenemos. Brindar un baño a la niña cambiarla de ropa, sentarlas conmigo fue sumamente placentero, ojalá otros sigan este ejemplo».
«Luisana», cumplió con lo que su corazón dictaba compartió, luego volvió al mismo sitio, a la panadería en la zona norte, donde día a día, los niños y su madre, salen a buscar a Dios, esperando conseguir muchas «luisanas» que les tiendan la mano amiga.
NAM

