El Athletic no fue más que un muñeco en manos del Barça. Se juntó la tarde alegre de unos y la nefasta de otros. La propuesta ofensiva de Valverde, con Coutinho más el tridente, y la cicatera de Ziganda, con Aduriz y Williams en el banquillo, disfrazando de delantero a Sabin Merino. Una apuesta timorata ya antes de que el balón echara a rodar, y refrendada después.
Apenas siete minutos y medio demostró Alcácer, sustituto del sancionado Luis Suárez, que no se le ha olvidado el oficio de delantero centro. Jordi Alba subió por su banda -la foto finish televisiva demostró que recibió en fuera de juego- y, allí donde normalmente encuentra a Suárez o Messi, estaba el delantero valenciano para acomodar el pie en un pase a la red.
El Barça asfixió al Athletic, que pasó un mal rato muy largo. Lo raro fue que al Barça le llevara casi media hora más fabricar el 2-0, que en realidad fue un latigazo pegado al palo de Messi desde la corona del área.
El primer disparo a puerta del Athletic no llegó hasta la segunda parte: un tiro lejano y desviado de Lekue. Para entonces, el Barça llevaba no sólo dos goles, sino tres tiros al palo. Bajó el pistón de forma visible y el Athletic se pudo estirar un poco, sin alardes, en un segundo tiempo intrascendente.
NAM/Agencias
