viernes 5 de junio de 2026

¡SÍMBOLO DE LA DEVASTACIÓN! Imagen de Cristo mutilada por la FARC estará en el encuentro del papa con las víctimas

El Cristo de Bojayá, que sufrió una devastación similar a la que provocó el conflicto en más de 8 millones de víctimas en el país, estará este viernes en el centro del encuentro por la reconciliación que tendrá el papa Francisco con los sobrevivientes de la confrontación y antiguos combatientes en su visita a Villavicencio.

El 2 de mayo del 2002, luego de la explosión que dejó a 79 personas muertas en la iglesia de Bojayá (Chocó), en medio de un combate entre los paramilitares y las Farc, el padre Antún Ramos, capellán de la población, encontró la imagen entre los escombros que había dejado el ataque.
“Cuando cae la pipeta, la gran mayoría salimos despavoridos. A los dos días, regresamos porque nos habían dicho que uno de los padres que estaba perdido, había aparecido. Me da por entrar al templo y dentro de todos los escombros, veo al Cristo ahí. Lo veo destrozado, pero lo único que queda en pie es ese torso que ahora conocemos”, explica.

Quince años después, como parte de la visita del papa Francisco al país, el Cristo de Bojayá estará adherido a la cruz que presidirá la oración por la reconciliación que las víctimas del conflicto harán con el sumo pontífice en Villavicencio.

Símbolo del horror de la guerra
Antes de que ocurriera el ataque, el Cristo era solo una imagen de yeso similar a las que están en los altares de las miles de iglesias católicas que existen en el país. El padre Jorge Luis Mazo Palacios, que en 1999 fue asesinado por los paramilitares, lo consiguió con las hermanas agustinas y lo llevó a la iglesia de Bojayá.

En medio del horror que vivió la población, la destrucción del Cristo, especialmente por la forma en que quedó, lo convirtió para sus habitantes en un símbolo del dolor que habían sufrido, pero también de la esperanza de que podrían sobreponerse a lo ocurrido.

“Ese Cristo, en medio de la barbarie, cogió muchas de las balas que iban para los que estaban en la iglesia”, afirma Leyner Palacios, líder de la comunidad de Bojayá.

Una imagen de yeso, no muy resistente, que soportó la explosión y a la que le cayó un muro encima hubiera podido quedar destrozada por completo, pero de ella sobrevivió precisamente el torso, lleno de las señales que le dejaron las esquirlas.

NV1/El Tiempo