Está directamente relacionada, con la manera en la que exteriorizamos nuestra sexualidad, esto implica nuestra forma de vestir e incluso de comportarnos, nuestra forma de expresarnos al hablar, al sonreír, al mirar, al caminar.
La sensualidad abarca la excitación y gratificación de todos los sentidos, mediante actividades y emociones sensoriales, desde una cena íntima con música suave hasta los masajes, la vestimenta, el andar, una mirada, un suspiro, un gemido, el tono de voz y todo lo que hacemos para captar la atención de esa persona que nos despierta el deseo. Todos somos sensuales en diferente forma, unos más que otros, pero indiscutiblemente de alguna manera atraemos y seducimos a otras personas.
La sensualidad es un poco indirecta, sugerente y un tanto discreta y la utilizamos tanto mujeres como hombres y una de la formas más utilizadas para seducir es la mirada, una de esas miradas penetrantes que combinadas con una sonrisa de media luna, cautivan a cualquiera y dejan mucho en el aire, despertando la curiosidad y creatividad.
Mientras que la sexualidad se refiere al deseo y satisfacción del impulso erótico-genital. Cada persona es libre de explorar y descubrir su propia sensualidad, lo que le erotiza, personalizar su sexualidad, de aprender y desaprender lo que quiera y de convertir las relaciones físicas con otras personas, de cualquier sexo, en lo que desee, con la sola condición del consentimiento mutuo.
Utiliza tu mirada, juega con tus labios, con tu cabello, con una sonrisa, tus manos también juegan un papel importante, cruza tus piernas, pero sobre todo muestra seguridad nada más sensual que un hombre o una mujer seguros de sí. Y disfruta de cautivar miradas.
NAM/ María Fernanda Prieto
Psicóloga y Sexóloga
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