La Organización Mundial de la Salud define la violencia sexual como «todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo». (Jewkes et al., 2002).
La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, define a la violencia sexual como: “Cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la sexualidad de la víctima y que por tanto atenta contra su libertad, dignidad e integridad física.
Puede definirse como una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto”.
Sin embargo, los hombres pueden también puede ser víctimas, ser violados de adultos y abusados sexualmente cuando niños, sufriendo los mismos síntomas que las mujeres después de un abuso sexual. Por lo que es igual de significativo que un hombre reciba consejería por trauma sexual como lo es para una mujer. Es relevante destacar que el abuso sexual no causa homosexualidad, ya que la homosexualidad no es enfermedad y el hecho de haber sido víctima de abuso cuando niño no significa que será un perpetrador.
El abuso sexual, no solo se da en menores, no es algo que tenga un rango de edad. Se da el abuso, por el simple hecho de ir en contra de la voluntad de la víctima y someterte ya sea físicamente, psicológicamente, o bajo efectos de psicotrópicos.
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NAM/María Fernanda Prieto
Psicóloga y Sexóloga
María Fernanda Prieto
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