Este trabajo persigue profundizar en las razones históricas y de fondo que tiene ahora mismo a Cuba hundida en la penumbra por un más que colapsado, moribundo sistema eléctrico que cada día empeora sometiendo a su población a una tortura física y psicológica a través de apagones que superan las 15 horas y que eventualmente han llegado a ser de más de 30 horas, un verdadero horror que los venezolanos observan con los ‘ojos pelaos’. Sin embargo, entre Cuba y Venezuela hay diferencias notables que hacen el escenario para el país sudamericano más esperanzador.
Cuba ya tuvo una notable crisis energética durante el ‘Periodo Especial’ de comienzos de la década de 1990. La caída de la Unión Soviética supuso un duro golpe para Cuba, ya que, además de los créditos blandos que concedía a La Habana (unos 65.000 millones de dólares en treinta años), Moscú también dejó de entregar alimentos, maquinaria y, muy notablemente, combustible (la URSS cubría el 98% de las necesidades energéticas cubanas).
La Unión Soviética era el principal socio comercial de Cuba, acaparando el 72% del intercambio de exportación e importación de la isla. Este abrupto corte de suministros generó un efecto dominó en el sector productivo de Cuba, llevando al país a una profunda crisis económica cuyos efectos más severos se dejaron sentir entre 1991 y 1993.

Pero aunque la situación general ligeramente se recompuso después, la crisis energética empezó a agravarse durante la década de los 2000. El verano marca un periodo en el cual la población de la isla hace más uso de sus aparatos eléctricos, en gran parte debido a las altas temperaturas, lo que en el periodo 2001-2005 provocó reiteradas deficiencias de suministro que el régimen presentó como ciertas “variaciones eléctricas”. El castrismo atribuyó los apagones a “rupturas o colapsos inesperados”.

En 2004, el gobierno implementó una serie de apagones diarios de seis horas, de lunes a viernes, rotándolos entre distintas municipalidades. En 2005 los apagones podían extenderse hasta diez horas dependiendo de la región. Ante esta situación, en 2006 el gobierno llevó a cabo lo que llamó la “revolución energética”, con la intención de mejorar la transmisión de energía y modernizar los postes, cables y otras instalaciones. También se instalaron pequeñas plantas de diésel, reduciendo enormemente la inestabilidad energética experimentada los años previos.

El éxito provisional de esta “revolución energética”, no obstante, se debió en gran parte al petróleo venezolano que Hugo Chávez comenzó a proporcionar a Cuba en aquella época. La modernización de las instalaciones eléctricas no constituye una mejora real sin un flujo constante de combustible, el cual fue proporcionado por Venezuela.

Esa dependencia ha sido especialmente manifiesta en estos últimos años, en los que, debido a la crisis interna venezolana y a las sanciones a PDVSA por parte de EEUU, que han añadido más dificultades a la producción, Caracas ha ido reduciendo enormemente sus exportaciones de petróleo a Cuba. De flujos iniciales de algo más de 100.000 barriles diarios de petróleo, que Cuba usaba para producción eléctrica pero también en parte revendía a partir de la actividad de la refinería de Cienfuegos, revitalizada en 2007 con fondos públicos venezolanos, el chavismo ha pasado a suministrar a mitad y ahora mismo, cuando Venezuela está tutelada y controlada por Estados Unidos, los envíos llegaron a cero.

La crisis energética cubana ha ido paralela a esta reducción de los envíos venezolanos de combustible, agravada por la falta de mantenimiento en las plantas de generación eléctrica, desembocando en los múltiples brotes de apagones y déficits energéticos que está experimentando la isla.
Causas de la situación energética
La actual crisis arrancó especialmente en verano de 2022, cuando un incendio en la base de supertanqueros de Matanzas convirtió en crónica la situación. En estos últimos tres años, entre el 27 de septiembre de 2022 y el 10 de septiembre de 2025, se han reportado más de cinco apagones nacionales, dejando al menos diez millones de personas sin luz de quince a dieciséis horas, en ciertos lugares durante semanas.

Cuba padeció este lunes pasado otra jornada de prolongados apagones por toda la isla y el mayor corte del suministro apagó simultáneamente el 73 % del país en el horario de mayor demanda -en la tarde-noche- según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE), elaborados por la agencia de noticias EFE.
Ésta es una de las tasas más elevadas de afectación reportadas en una jornada desde que comenzaron a publicarse las estadísticas energéticas, precisamente en 2022. El último récord de cortes eléctricos ocurrió el pasado 29 de julio cuando el mayor apagón del día desconectó simultáneamente el 74% de la isla.

El Gobierno cubano ha reconocido que la situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) es «crítica», con apagones que superaron la víspera las 30 horas continuas en La Habana, según el parte diario de la UNE.
En este contexto, la estatal Unión Eléctrica, dependiente del Ministerio de Energía y Minas (Minem), prevé para el horario de mayor demanda una capacidad de generación de tan solo 910 megavatios (MW) frente a una demanda máxima de 3.300 MW. Así, la afectación estimada -lo que se desconectará realmente para evitar apagones desordenados- alcanzará los 2.410 MW, un verdadero horror que miramos los venezolanos con los ‘ojos pelaos’.

Obsolescencia
La crisis energética cubana también se explica por la obsolescencia de las termoeléctricas, con décadas de explotación y sin las inversiones precisas, que ocasiona que la mayor parte de estas unidades de generación sufran habituales averías.
Producto de esta situación, en la presente jornada, diez de las 16 unidades de generación termoeléctrica se mantienen sin aportar energía por averías o trabajos de mantenimiento. Esta fuente, responsable del 40% del mix energético, se nutre de crudo nacional y no está afectada por el bloqueo petrolero estadounidense.

La presión de EE.UU. sí ha obligado a detener por falta de materia prima, los motores de generación, una fuente de energía que precisa diésel y fueloil importado, responsables de otro 40 % del mix energético.
El 20% restante se obtiene de gas y fuentes renovables, especialmente con el reciente impulso a la solar con apoyo chino.

Según diversas estimaciones, la isla caribeña precisa algo más de 100.000 barriles de petróleo al día para satisfacer sus necesidades energéticas, de los que la isla obtiene unos 40.000 con su producción nacional. El resto debería obtenerlos en el exterior.

Además, expertos independientes consideran que el saneamiento completo del SEN precisaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares, unas cifras fuera de las posibilidades de Cuba, que se encuentra sumida en una grave crisis económica desde hace más de seis años.

La crisis energética en Cuba ha paralizado casi totalmente la economía estatal, que se estima se va a contraer al menos un 10,3% este año (tras una caída acumulada de más del 15 % en los cinco años previos).
¿Hacia ese camino de penumbra va Venezuela?
No. O al menos es lo que los expertos afirman, porque Venezuela tiene condiciones políticas, geopolíticas y energéticas enteramente distintas a las de Cuba y porque, ahora mismo, Venezuela está tutelada por Estados Unidos. Entre Washington y Caracas se acaba de firmar un acuerdo petrolero histórico y prácticamente inédito que supone un control casi total por parte de Estados Unidos de al menos unos 17 mil campos petroleros venezolanos, de los cuales, unos 8 mil están en el estado Zulia.

La real reactivación de la industria petrolera venezolana para cubrir las estimaciones de producción y comercialización del crudo venezolano calculadas por Estados Unidos supone una enorme inversión no solo en la adecuación, actualización y modernización de la industria petrolera como tal, sino del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) elemento clave en el encendido de motores para reactivar estos pozos.

Sin embargo, las trabas jurídicas, la lentitud, el tema político, la legitimidad, las garantías a las empresas inversoras y el franco deterioro del SEN venezolano harán que los efectos de la inversión no se aprecien en el corto plazo y los venezolanos, especialmente los que se ubican hacia el occidente del país siguen padeciendo cada vez con mayor rigor los embates de un colapsado servicio eléctrico que parece asemejarse al que ocasionó la implosión en Cuba.

NAM/SWI/EFE/Universidad de Navarra
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