martes 6 de octubre de 2026

¿SE MANTENDRÁ EN PIE EL PROGRESISMO? Lula por cuarto período contra otro Bolsonaro

Más de 158 millones de personas irán a las urnas este domingo en unas elecciones presidenciales en Brasil en las cuales el actual mandatario, el progresista Luiz Inácio Lula da Silva, tendrá como principal contendiente a otro rival ultraderechista de apellido Bolsonaro, en este caso Flávio, hijo mayor del exjefe de Estado Jair, actualmente pagando prisión domiciliaria luego de haber sido condenado a más de 27 años por la trama golpista con la cual pretendía en enero de 2023 impedir la toma de posesión de quien ahora es aspirante a la reelección.

Lula, quien busca un cuarto período no consecutivo, ha estado liderando la intención de voto en la mayoría de las encuestas, como la que esta misma semana difundió la empresa Qaest, en la que cuenta con 39% de las preferencias, mientras su rival registra 34%. Muy por detrás de ellos se encuentran el escritor Augusto Curry y el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado, con 4%, quienes con otros dos candidatos apenas suman 12%.

Este resultado, sin embargo, no le bastaría al líder del Partido de los Trabajadores (PT) para imponerse en la primera vuelta, para lo cual se requiere 50% + 1 de los votos válidos, por lo cual lo más probable es que tendrá que medirse en el balotaje del 25 de octubre al actual senador abanderado del Partido Liberal (PL), la principal fuerza de oposición derechista de Brasil.

Para esa eventual segunda vuelta, un sondeo realizado por BTG/Nexus el lunes arrojó que 46% votaría por Lula, 44% por Bolsonaro, 8% respondería que su voto sería blanco o nulo y 1% indeciso.

El de Qaest lo presenta todavía más difícil, con un empate entre los dos aspirantes en 42%, 13% decantándose por sufragar en blanco o nulo y 3% sin decidirse.

Datafolha, por su parte, arroja 47% de preferencias para el aspirante progresista y 45% para el ultraderechista, siempre dentro de los márgenes de un empate técnico.

Indecisos. El peso de los indecisos podría ser determinante en el desenlace de estos comicios. La agencia EFE, por ejemplo, publicó un reportaje en el cual se afirma que según distintos estudios, 21% de los votantes podría cambiar de parecer antes del domingo.

En el mismo trabajo se apunta que “las dudas acerca de a quién votar, según las encuestas, son más altas entre las mujeres, los mayores de 60 años y personas de baja renta en las regiones sureste y sur del país”, por lo cual el resultado no quedará en manos de los votantes “duros”, sino de “los independientes y los indecisos”, según el analista político Sérgio Abranches, citado por el mencionado medio.

Según él, esta situación se deriva de la migración del debate hacia los formatos digitales, lo cual ha generado una “campaña fría” que ha aislado a los electores no politizados.

El factor religioso. Otro elemento ha pasado a tener una importancia crucial en este proceso electoral: el religioso. En una población que es mayoritariamiente católica, Lula lo es, los sufragantes evangélicos constituyen un sector hacia el cual han apuntado los dos principales candidatos, porque también podrían inclinar la balanza.

Según la encuesta del lunes de Qaest, el mandatario subió de 23 a 27% en ese sector, mientras su contrincante, que profesa esa religión, pasó de 49 a 46%, pero sigue contando con el respaldo de una parte importante de pastores influyentes.

Por si faltara otro elemento, en las últimas semanas se formó una polémica porque se regó en los medios la especie de que Bolsonaro planeaba retirar el estatus de patrona de Brasil a Nuestra Señora de Aparecida, cosa que no solo negó, sino que se apresuró a calificar como parte de la campaña “sucia” del actual jefe de Estado. Este, simplemente, se ha referido a este supuesto planteamiento como “inaceptable” y que no ocurrirá.

Los escándalos que involucran al aspirante de la ultra derecha

FOTODELDÍA AME2361. SANTA BÁRBARA D’OESTE (BRASIL), 03/10/2026.- El candidato a la presidencia de Brasil por el Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, posa para una fotografía junto a una simpatizante durante una caravana este sábado, en Santa Bárbara d’Oeste (Brasil). Más de 158 millones de brasileños están convocados este domingo a las urnas en unas elecciones que no solo decidirán la permanencia de Luiz Inácio Lula da Silva o el ascenso del ultraderechista Flávio Bolsonaro, sino que redefinirán el equilibrio de poder en la región frente a la presión de Washington. EFE/ Isaac Fontana

Flávio Bolsonaro, el abanderado de la ultraderecha brasileña que aspira emular a su padre, Jair (condenado por golpismo a más de 27 años de prisión, aunque los cumple en su domicilio), llegando a la presidencia, se ha visto envuelto en varios escándalos que no se sabe hasta qué punto podrían afectar sus posibilidades.

Esta semana, una investigación del medio PlatóBR, puso sobre la mesa las revelaciones de Alexandre Santini, quien fue su socio en una franquicia de chocolates en un centro comercial de Río de Janeiro, que el Ministerio Público investigó por el sonado caso de las “radichinhas”, en el cual el senador supuestamente cobraba por intermediarios o él mismo los sueldos de algunos de sus asesores, causa que posteriormente sería archivada.

Ahí también se mencionan encuentros con trabajadoras sexuales, sus contactos con el magistrado del Supremo Tribunal Federal Kassio Nunes Marques para favorecer al propio Santini, así como también en el financiamiento de una película sobre su padre titulada Dark horse, para lo cual se habría reunido con el banquero Daniel Vorcaro, quien actualmente está detenido por una deuda por encima de los 7.000 millones de dólares, al que le habría solicitado los fondos para costear el largometraje.

La injerencia externa también está presente en los comicios

La injerencia externa en estos comicios presidenciales brasileños ha estado presente, bien sea de manera velada o explícita y así lo ha denunciado Lula da Silva en distintas oportunidades, como en una entrevista el 21 de septiembre con la cadena CNN, en la que manifestó estar “muy preocupado por (el secretario de Estado de Estados Unidos) Marco Rubio, porque está muy ligado al bolsonarismo, pero, por ahora, es solo sospecha”. Agregó, luego, que ya le había solicitado a su homólogo Donald Trump que no interfiriera en el proceso.

Al día siguiente, en su intervención en la Asamblea General de la ONU, advirtió que “no permitiremos que los enemigos de la democracia, internos o externos, socaven la voluntad popular”. Trump no ha intervenido directamente, aunque en mayo recibió en la Casa Blanca a Flávio Bolsonaro, lo cual fue interpretado como un respaldo directo a su candidatura.

Quien sí lo ha hecho es el presidente de Argentina, Javier Milei, que se presentó en julio, en el lanzamiento de la candidatura del ultraderechista en Sao Paulo y llamó a los brasileños a “parar la basura socialista (…) Brasil aún no vivió las consecuencias de este modelo, pero puede vivirla si no da vuelta al timón. ¡Confiamos en ti, Flávio!”. l

 

NAM/UN

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