• ¿RECICLAJE EN MARACAIBO? Otra tarea pendiente, los ciudadanos dan la cara, ante ningún plan oficial

    Los recicladores se dedican de forma independiente a las actividades de recolección, separación y comercialización de residuos. En Maracaibo los que se ganan la vida de esta manera se convirtieron en la «solución» ante la ausencia del servicio de aseo público.

    Como recicladores de base se conoce de manera formal a quienes se dedican a recolectar la basura en las calle o de los hogares.  De esta forma obtienen sus ingresos: a partir de la venta de materiales reciclables y reutilizables a empresas recuperadoras, intermediarios o centros de reciclaje.

    En Maracaibo, a diario se observan a estos hombres que recorren kilómetros cubriendo varios sectores de la ciudad para obtener el material reciclable, seleccionarlos, almacenarlos y transportarlo hacia el lugar de venta o disposición.

    Desde hace algunos años, en Maracaibo los que se ganan la vida de esta manera se convirtieron en los sustitutos y la «solución» para el problema de la falta de recolección de basura.

    Vivir de la basura

    Luis y Antonio son dos hombres de mediana edad que se dedican a la recolección de basura en las calles y avenidas de la ciudad. Tambien prestan el «servicio» de recolección en varias zonas comerciales y residenciales.

    Ambos explican que se dedican a este trabajo desde hace unos 15 años o más. Todos los días recorren grandes distancias buscando, hurgando entre la basura o sacando las bolsas con desperdicios de casas y comercios que visitan.

    «Nuestro recorrido es largo, vamos por la zona de la avenida la Limpia, pasando por el centro comercial Galerías. Podemos llegar hasta el sector Santa Maria, Paraíso, por la plaza de Indio Mara», cuenta Luis.

    En estos trayectos ya tienen «clientes» fijos que los conocen y les pagan para que saquen las bolsas con la basura acumulada. «Este recorrido podemos hacerlo cada 10 o 15 días, dependiendo de a dónde vamos. Tambien de lo que estamos buscando», expresan.

     Rcuerdan que hace muchos años, cuando comenzaron con esto, solo recolectaban hierro y

        plástico. Aprovechaban para llevarse muebles, sillas o artefactos en mal estado. Pero desde

    unos dos  años están  tomando también desechos orgánicos.

    fotos: José Nava

    «Eso antes no pasaba, nosotros no hacíamos eso porque los camiones de recolección estaban funcionando. Pero ahora también lo hacemos porque la gente lo pide», cuenta Antonio.

    Como parte del pago que reciben por deshacerse de los desechos sólidos están los productos alimenticios como pasta, arroz, harina o café.

    «Algunos nos quieren pagar con dólares pero muchas veces yo prefiero que me den la comida. Igual ese dólar lo voy a gastar comprando alimentos porque es lo único que hago», expresa Luis.

    Tambien comentan que desde que comenzó la cuarentena por la Covid-19 la recolección de botellas de plásticos disminuyó. «Antes en un dia podíamos reunir unos 10 sacos solo con botellas de refrescos y jugos, pero ahora cuesta bastante y llegamos a recolectar unos tres o cuatro sacos por día», refieren.

    Ante la pregunta sobre si saben que hay un virus peligroso y si no tienen temor a contagiarse su respuesta es clara y sincera.

    «Nosotros trabajamos para comer, claro que tenemos miedo a enfermarnos pero los dos tenemos familias que alimentar y dejar de trabajar un día es dejar de comer», alegan.

    Antonio y Luis separan los residuos y se quedan con el plástico y cualquier objeto que puedan revender o cambiar por alimentos. Lo demás lo dejan en un terreno dónde cada dos meses, aproximadamente, va un camión a sacar los desechos.

    En muchos países, quienes ejercen labores como recolectores de base, contribuyen con la transformación de este oficio, permitiendo el desarrollo de economías locales, así como el crecimiento individual para la generación de empleos y ahorros significativos en las gestiones del Estado, además de su valor de impacto en el medio ambiente.

    NAM/La Verdad