La población del Delta Amacuro, afectada por la inundación más elevada de la historia del río Orinoco, se enfrenta ahora a la realidad desoladora de los daños materiales y las cicatrices psicológicas que esta ha dejado entre las familias indígenas.
Fermín Ávila, warao de 75 años, relató su trauma de haber vivido día y noche entre las aguas durante dos meses. “Todo fue arrasado por el río y estamos abandonados como animales”, señaló.
Más de 2.000 familias fueron afectadas directamente y aproximadamente 15.000 pobladores de tres municipios son víctimas de los daños colaterales que causa el fenómeno del río padre.
Los campos de cultivos, las zonas productivas, los animales de cría, las comunidades pobladas, las escuelas y otras infraestructuras sufren el impacto de las aguas del Orinoco.
De acuerdo con Fermín, “miseria, desolación y hambre es lo que trajo el río”, mientras señala el paso destructor del caudal. Aseguró que las heridas tardarán meses en cicatrizarse.
Una vez retrocedido el nivel de las aguas vienen las consecuencias. Según los moradores, proliferan los vectores transmisores del dengue, paludismo, diarrea y las enfermedades endémicas que se agudizarán ante la escasez total de medicina y de alimentos.
NAM – El Pitazo
