viernes 5 de junio de 2026

¿POR QUÉ TE VA MAL EN EL AMOR? Tus problemas de infancia podrían ser la razón

La repetición de patrones destructivos en nuestras relaciones de pareja pueden ser un reflejo de problemas de infancia no resueltos. Los conflictos con nuestros padres y los complejos desarrollados en las primeras etapas de nuestra vida son determinantes en la manera en la que nos comportaremos en la vida adulta, especialmente en las relaciones de pareja.

De muchas formas, al buscar pareja estamos tratando de recibir el afecto que nos faltó en la infancia o bien, buscamos patrones que vayan en contra de lo que vivimos cuando niños.

Al no ser consientes, por ejemplo, de que sentimos miedo al abandono por la ausencia de figura paterna o que carecemos de autoestima porque de niños no recibimos el reconocimiento necesario, nuestras interacciones sociales se vuelven complicadas, tanto así que pueden ser la razón de todos nuestros fracasos emocionales.

Existen 3 personalidades destructivas que se desarrollan en la infancia:

1) Víctima

 Este corresponde a las personas que siempre adoptan un papel pasivo en relación con sus parejas; son sumisas y aceptan la violencia como una forma de amor y de afecto. Una víctima siempre está a lado de un abusador, pues acepta que se le denigre porque en el fondo creen que lo merecen.

Esta personalidad se desarrolla cuando de pequeños sufrimos abuso emocional y físico de parte de nuestros padres.

2) Salvador

Se trata del comportamiento típico de una persona que elige parejas conflictivas con la intención de ayudarlas o «salvarlas» de sus problemas. Al hacerlo pone en peligro su propia salud emocional pero es la única forma en la que siente que puede ser valioso para el otro.

3) Controlador

Esta personalidad es un reflejo de padres controladores y muy estrictos. En la adultez, la persona que asume este comportamiento suele adoptar el papel de «mamá» o «papá» y hace todo lo posible por controlar a su pareja, dictando lo que está bien y lo que está mal.

Estas personalidades que adoptamos en nuestras relaciones románticos no siempre se manifiestan en otros ámbitos de la vida, por ejemplo entre amigos o en el trabajo. El hecho de que solo ocurra cuando estás con otra persona a nivel emocional, es porque en la intimidad es cuando mostramos nuestro lado más vulnerable.

Quizá tienes algunos de estos comportamientos y crees que son normales e incluso, que los conflictos que vives en tus relaciones con casualidad o «mala suerte». En realidad, son el reflejo de traumas no resueltos experimentados en la infancia, por ejemplo:

– Abandono

Cuando el niño comprende que sus padres se toman el tiempo de atenderle o simplemente no tienen interés en hacerlo. Quien sufre abandono en la infancia busca en sus parejas lazos fuertes que se pueden convertir en dependencia, esto a que temen repetir la sensación de abandono que dejaron sus padres.

– Humillación

Cuando el niño es sometido a burlas o discriminación por su físico, su condición social o incluso por su procedencia y ascendencia. Las personas que sufren humillación en la niñez crecen sin autoestima y desarrollan complejos que los persiguen toda la vida.

– Desconfianza

Si los padres traicionan la confianza del niño este desarrolla dificultad para creer en la palabra de las personas y comienza a poner barreras para demostrar sus emociones o pensamientos. En la vida adulta, estos niños se vuelven inseguros de las intenciones de los demás, lo cual puede atraer problemas de celos excesivos o inseguridad y ansiedad.

La mejor recomendación para cerrar estos ciclos, es acudir a un terapeuta que te guíe para dejar atrás las experiencias de la infancia y perdonar a quienes te causaron dolor. Solo de esta forma podrás tener relaciones sanas.

NAM/Soy Carmín