Llegó el gran día. En el estadio Olímpico de Kiev, el Liverpool y el Real Madrid se enfrentan en la final de la 63era edición de la Copa de Europa, hoy UEFA Champions League.
El duelo, pese a ser entre dos de los tres equipos más ganadores de la competencia, es totalmente disparejo. Por un lado el actual bicampeón de la competencia con una plantilla repleta de estrellas. Los mejores jugadores del mundo. Por el otro, un conjunto que no disputa una final de esta competencia desde el 2004-05 y con un plantilla repleta de jugadores que pisan su primera final en este tipo de competencia.
Pero esto es fútbol, un deporte donde lo esperado solo se debe plantear en las previas. Cuando suena el pitazo inicial, todo se va a la basura y son los 22 protagonistas quienes escriban sus propias historias.
La Batalla de Kiev
Pese a las distancias, el conjunto de Jürgen Klopp es un equipo fresco. Mentalmente ha demostrado ser sólido y futbolísticamente, pese a algunos matices, es fresco donde se adueña de lo inesperado para ser superior. Es un conjunto que necesita romper las reglas para ganar los partidos. Convierte todo en un caos. Obliga al rival a equivocarse, a dudar de sus propias capacidades.
Ante esto se enfrenta al conjunto más poderoso del otro bando. A nivel de reacción y capacidad de recuperación, es el equipo de Zinedine Zidane quien se adueña de esta faceta. El Real Madrid se ha convertido en un conjunto resiliente. Que, pese a todo lo malo, consigue ser sí mismo y terminar traspasado las dudas a su contrincante. Con jugadores capacitados para confeccionar el escenario ideal para ganar el encuentro.
El fútbol, desde su definición más básica, es un deporte de equipo. Por eso, más allá de los Salah, Cristiano, Firmino, Kroos, Henderson, Modric, entre otros… el duelo entre el Liverpool y el Real Madrid trasciende todo esto. En Kiev, ambos equipos combatirán mano a mano al dueño de la capital ucraniana.
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