Hubo un tiempo en el que Djokovic era un gladiador y cualquier reto que se le pusiera por delante siempre era pequeño. Era capaz de superar cualquier obstáculo, con un físico envidiable y un tenis que sacaba su mejor versión cuando más difícil estaba el partido. Por eso logró batir todos los récords del tenis. Pero los años pasan y, lamentablemente, también lo hacen para el serbio. Y, en el US Open, vivió un calvario que terminó de la peor manera posible.
Djokovic sufrió un hundimiento de esos que serán recordados durante mucho tiempo. Perdía un igualado primer set ante Navone, pero los problemas físicos ya habían hecho acto de presencia, pues los fisios tuvieron que entrar a atenderle. Pese a ello, su garra y su competitividad le llevaron a dar la vuelta al marcador para ponerse por delante. Pero, entonces, descubrió la cruda realidad: su cuerpo era incapaz de mantener el nivel necesario para ganar.
Acalambrado, dolorido e, incluso, con vómitos en algún tramo del partido, Djokovic entendió que no podía ganar. Y, lo más doloroso, su cabeza seguro que fue mucho más allá: acababa de entender que ganar otro grande es algo que, probablemente, nunca más sucederá. Djokovic tiene el honor de sumar 24 títulos de Grand Slam en sus vitrinas, el tenista que más tiene de toda la historia, pero la derrota en el US Open confirma que aquel sueño se esfuma.
Ganar uno más, sumar otro gran título a su palmarés, se antoja como algo ya imposible, porque la realidad es que el cuerpo de Nole no da más de sí. No solo por los numerosos kilómetros recorridos o lo dilatado de su carrera deportiva. Desde hace unos meses, ya confesó que sufre un problema —del que no quiere dar ninguna pista— que le limita en pista. Y, si a eso le sumamos que sus piernas no responden como antes… el momento que vive es complicado.
NAM/El Confidencial
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