Nos encontramos exactamente a un mes del final del año litúrgico. Decir final de algo, especialmente si hablamos de la vida, conlleva casi inevitablemente el ejercicio de comenzar a hacernos preguntas. A propósito de ello, el evangelio de este domingo trae consigo una pregunta fundamental que, si bien no nace del deseo genuino de un fariseo por conocer lo más importante de lo que contiene la Ley, es ocasión propicia para Jesús señalar aquello de lo cual pende toda ella: el amor.
El amor a Dios sobre todas las cosas, sin reserva, y al prójimo como a uno mismo. Ya decía San Juan de la Cruz en sus Dichos de amor y luz que “al final de la vida se nos examinará en el amor”. Es decir, se nos examinará en nuestras relaciones, desde dónde hemos forjado nuestros vínculos, con Dios, conmigo mismo y, por consiguiente, con los demás.
Así, tanto la primera como la segunda lectura de este domingo son, por así decirlo, el retrato hablado sobre cómo han de establecerse nuestras relaciones con el prójimo desde el amor. Un amor que es exigente y radical —¡qué amor auténtico no lo es! —como la misma encarnación de Dios en nuestra historia humana.
Fr. Ramón Alberto Núñez Holguín O.P.
Convento de Sto. Domingo (Santo Domingo, Rep. Dominicana)
Lectura del Día
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
Efesios 4, 32–5, 8
Hermanos: Sean buenos y comprensivos, y perdónense unos a otros, como Dios los perdonó, por medio de Cristo.
Imiten, pues, a Dios como hijos queridos. Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios.
Que entre ustedes, como conviene a verdaderos cristianos, no se hable de fornicación, inmoralidad o codicia; ni siquiera de indecencias, ni de conversaciones tontas o chistes groseros, pues son cosas que no están bien. En lugar de eso, den gracias a Dios. Tengan bien entendido que ningún lujurioso, inmoral o codicioso, que es lo mismo que decir idólatra, participará en el Reino de Cristo y de Dios.
Que nadie los engañe con vanas razones, pues todas estas cosas atraen la ira de Dios sobre los rebeldes. Así pues, no se hagan cómplices de ellos. Porque en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz.
Evangelio del Día
Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lucas 13, 10-17
Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga. Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo. Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: “Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado”.
Entonces el Señor dijo: “¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?”
Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía.
NAM
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