• #OPINIÓN Venezuela en la encrucijada (José Pablo Feinmann)

    Mike Pence es el vice de Donald Trump. Cristiano, conservador, republicano, se dice de este hombre que es más tosco, más rudo que Trump. Se lo vio preocupado cuando apareció en la tele para darle el apoyo de su país y el suyo al autoproclamado Juan Guaidó.

    Empezó diciendo “Hola”, así, en español. Y terminó diciendo, también en español: “Vayan con Dios”. Que era otra forma de decir algo que ya había dicho: “Vayan con Juan Guaidó”. Pocas veces el intervencionismo norteamericano se hizo de un modo tan abierto, guarango. Para peor, le pidió a los venezolanos que salieran a la calle contra Nicolás Maduro.

    ¿Qué es esto sino un golpe de estado con apoyo imperial? ¿Quién es Juan Guaidó? Ni mucho de los venezolanos que están en la Argentina lo conocen. ¿Desde cuándo alguien sale de bajo una mesa y se proclama presidente de un país en una plaza pública? Cuidado. Esto es muy grave. Es un antecedente nefasto. Hoy lo hacen en Venezuela, mañana lo hacen en Bolivia. Es muy fácil. Una derecha antidemocrática gobierna con dureza en América Latina. Esa derecha es fiel a los mandatos que bajan de Washington. Van liquidando de a uno en uno los gobiernos populares que surgieron en la primera década de este siglo. Ahora le toca a Venezuela.

    El país no puede estar peor. Sufre un bloqueo de Estados Unidos y un complot de desabastecimiento interno. Los grandes productores dejan vacías las góndolas de los supermercados. Hay que añadirle a esto falencias del propio Maduro. “Yo estuve en el futuro y sé lo que viene”, dijo. También está lo del pajarito que lo comunicaba con Chavez. ¿Le tambalea un tornillo en la cabeza? No importa. Durante estos agitados días se lo ha visto sereno y sensato. Con la Constitución en la mano denuncia el golpe y dice que USA está detrás de todo.

    Este golpe es un precedente muy grave para la región. Nosotros no estuvimos en el futuro. Pero sabemos –por la realidad actual– que no va a ser bueno. Macri se apresuró en reconocer a Guaidó y otros países del continente hicieron lo mismo. Brasil, Ecuador, Paraguay, Chile. Todos hicieron buena letra. Todos por la democracia en Venezuela. Mientras, nuestro presidente decidió atacar la propiedad privada. ¡Extinción de dominio! Así le llamó a un DNU que propinó esta semana. Cambiemos está desbocado.

    Ha inventado el neoliberalismo expropiador. Dice que se aplicará a narcotraficantes y corruptos. Pero el sistema jurídico del macrismo sirve más a la persecución política que a la justicia. Este año veremos cosas extremas. Con el propósito de ganar las elecciones se perseguirá impiadosamente a muchos, sobre todo a una. El blanco es CFK. Toda la artillería de Durán Barba y Bonadío buscará liquidarla. Macri y Bullrich también. Los medios de comunicación, desde luego.

    Supongamos que Cristina propone (de una vez por todas) su candidatura. Supongamos que gana. La pregunta es: ¿podrá gobernar? ¿Aceptará la belicosa derecha argentina una derrota? Ya está armando trampas digitales para un fraude que se da por descontado. Si el fraude no resulta, si pierde, ¿respetará la decisión de la mayoría? De aquí la peligrosidad de Juan Guaidó como concepto político. Se trata de una insurrección. No se trata ahora de analizar las virtudes o carencias democráticas de Nicolás Maduro. Ahora se trata de no respaldar una intentona claramente golpista.

    El caso Guaidó puede dar alas a otros experimentos para-constitucionales en la región, que bastante castigada está. En caso de ganar, ¿habrá un Guaidó para Cristina? Aceptarlo hoy es validarlo para mañana. Aquí harán lo posible y hasta acaso lo insensato por impedir “otra experiencia populista”. El gobierno de Trump carece de sensatez. Su vice es un empecinado del intervencionismo. Como lo era Reagan.

    A quien se lo dijo Alfonsín, figura de onda en nuestro país que le ha perdonado todo, desde las felices pascuas hasta el pacto de Olivos que le permitió a Menem seguir gobernando. Pero estamos tan pobres en referentes políticos que el líder radical gana por lejos. También para el kirchnerismo, que lo ama casi como a sus próceres Néstor y Cristina. Ella recibió a Alfonsín en la Rosada, quien la fue a visitar en medio de una fuerte embestida de sus enemigos estridentes para darle su apoyo. Cristina le tomó el rostro con las manos y le dedicó su mejor sonrisa.

    Lo de Venezuela mete miedo. Bolsonaro dijo nunca más un gobierno izquierdista en América Latina. Europa sigue dominada por gobiernos neoliberales. Que son la peor cara del capitalismo. Hay pocos espacios de genuina libertad en este mundo.

    No habrá que aceptar ser el patio trasero de ningún imperio. La globalización no barre con la soberanía de los países. Frenar hoy el golpe en Venezuela es frenarlo en el futuro de otros países. Decir hoy, en esta coyuntura dramática, que Maduro tortura –como tantos dicen– es favorecer al ilegal Guaidó. Si hay que decirlo se dirá. Pero en medio del orden constitucional, del diálogo, de la paz.

    NAM/José Pablo Feinmann

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