• #OPINIÓN «Tapaboca: muerte o vida» (Bruno Renaud)

    Se nos están transformando los reflejos fundamentales. El venezolano – el latino mismo – adora tocar: abrazar, acariciar, mimar, besar… y hete aquí que viene una nueva y sorda obligación, impuesta ique por motivos de salud pública. En adelante, y por tiempo muy indefinido, me prohíben tocar, abrazar, acercarme siquiera a la víctima de mi cariño… Tengo que esconder parte de mi rostro; disimular – deshumanizar – la mayor parte de mi relación afectiva: escondiendo la boca y su sonrisa. Un simple pedazo de tejido hace la comunicación más difícil, más ambigua; casi insoportable. ¿Lo habríamos esperado hace menos de un año?, y ahora se nos está imponiendo la distancia. Pues tú, hermano, te transformaste para mí en portador de miedo y enfermedad; y hasta te vuelves virtualmente portador de muerte. Qué lejos se volvieron los tradicionales “¡Pase adelante! ¿Quiere un cafecito?”. Más bien: “Tápate la boca, compa, ¡tu presencia me va a contagiar!”. En su necesidad, el tapa-boca se transforma en símbolo de una humanidad obligada a vivir a escondidas; suscitando la incertidumbre y el peligro de los encuentros en pleno siglo XXI.

    Pero sonriamos amablemente: nuestra máscara no es la del pirata Barba-Azul. Se puede invitar a simpatizar todavía con la expresión de la mirada. ¿Y acaso no hemos podido admirar la creatividad de la lengua de gato pintada en la mascarilla de la niña? No sólo el niño o la niña nos interpelan por su mensaje humorístico; en período de elecciones políticas, no es poco frecuente que utilicen la proyección del grito político para convencer – qué ilusión – por medio del tapa-boca…

    “El infierno, son los demás”, decía el filósofo Sartre. ¿Qué no habría podido decir a propósito de nuestros humildes tapa-bocas. Tristemente, evocan para muchísimos de nosotros una muerte sin camuflaje ni disimulo. La perspectiva de la muerte de un ser querido, ya no es del orden de las hipótesis. La humilde mascarilla alude a esta posibilidad: la bandera familiar a media asta. No para unos pocos, sino como evento múltiple en la historia de nuestra humanidad. Así, el trapito que calza nuestras bocas anuncia una perturbación grave que no estamos muy cerca de poder analizar en un corto porvenir. ¿Qué clase de mundo nuevo se nos está anunciando?

    Bruno Renaud

    NAM/UN

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