• #OPINIÓN Sueños (Maryclen Stelling)

    Recientemente fui invitada en calidad de comentarista a la presentación de la novela “No dejare mis sueños atrás”, de Santiago Arconada. Título que  interpreto como un grito de guerra en una cruzada que aún no tiene final.

    La novela  recoge el compromiso del autor con  un proyecto personal y político al cual no piensa renunciar.   La novela, sin embargo, no está escrita desde la derrota ni la claudicación.  Porque aun en la “derrota” temporal de un proyecto, los sueños que atraviesan el texto de principio a fin permanecen como meta y motor ético-político.

    Es una novela de la memoria histórica y del “prohibido olvidar”, que recorre, en tanto referente directo, los últimos 20 años del país.   Recorrido histórico bajo la mirada crítica y denuncia política del narrador,  expresado en la determinación de no decaer, luchar y la firme convicción  de cumplir sus sueños… Es una novela social y política, que alberga esos dos modos de representación crítica de la sociedad venezolana,   en donde los hechos se entrelazan con la subjetividad.  Novela de lucha política, de logros y celebraciones; de retrocesos y duelo. Escrita desde la ilusión y los sueños,  sentimientos que conviven con el dolor, la traición  y la perdida. En tanto  novela social y política aporta un conocimiento específico distinto al de la historia o la sociología, aun cuando complementario.

    Es fundamentalmente una crónica narrada en primera persona por Roseliano García -activista social y testigo presencial- quien recoge los hechos en el orden cronológico en que se sucedieron desde 1998 hasta 2018. 

    En tanto crónica,  juega con la información, la interpretación y valoración de los acontecimientos.  Así, desde sus experiencias y subjetividad, el  narrador y cronista,  nos  cuenta la historia a través de  sus vivencias, puntos de vista  y opiniones.

    Por tanto, el lector ve y conoce desde los ojos del narrador  y transita de su mano la historia reciente del país.  Suerte de recorrido político, pedagógico y afectivo, donde el  cronista plasma su visión personal de los hechos y, a la vez,  intenta mantener cierta objetividad. Es entonces una crónica atravesada por la afectividad, aun cuando prevalece la intención de  conectar  con un interés colectivo, ya sea político, social, pedagógico.

    La novela es una invitación a militar en la tarea colectiva de convocarnos y repensarnos. 

    NAM/Maryclen Stelling @maryclens

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