• #OPINIÓN «Puede que sea el momento de la izquierda en Colombia» (Luis Carlos Vélez)

    Pero Petro no es la mejor opción.

    Hay una razón por la cual Petro no da tregua y es el entendimiento de que este es el momento de la izquierda en Colombia.

    Cada vez se hace más evidente que llegó la hora de la izquierda en Colombia. Sin embargo, con el paso de los días, también es claro que lo que plantea Gustavo Petro no es la única expresión de esta manera de concebir el manejo del Estado; no es la mejor ni la que más le conviene al país.

    A estas alturas ya era hora de que Petro se mostrara como el líder que dice ser e hiciera un llamado a que se levantaran los bloqueos para evitar mayores desmadres económicos y sociales, pero no, él se mantiene con la idea de que hay que radicalizar las posturas, pues está convencido de que si llega a 30 días de paro tendrá suficientes razones para llamar a una constituyente. De nada le importan los muertos, los desmanes y la violencia. Si realmente estuviera pensando en lo que más le conviene a los colombianos, hubiera hecho un llamado señalando a los vándalos y saqueadores para proteger la vida de los que han salido a las calles pacíficamente a expresar su descontento.

    Hay una razón por la cual Petro no da tregua y es el entendimiento de que este es el momento de la izquierda en Colombia, y él no solamente se ve como la única alternativa viable, sino que las encuestas así se lo indican. Pero está equivocado. Su voracidad lo tiene desbocado.

    Para encontrar explicaciones y soluciones, la semana pasada tuvimos una larga conversación en La FM con el historiador británico y experto en nuestro país Malcom Deas. El profesor de la Universidad de Oxford empezó por subrayar que las que se vienen son las primeras elecciones oficiales posproceso de paz. Según el académico, las anteriores ocurrieron aún con el proceso caliente y sin posibilidad de entender ampliamente sus efectos, mientras que las próximas adicionarán elementos de discusión que antes quedaban rezagados en el desarrollo de la conversación política por culpa de la guerra. Ingredientes como economía, salud, justicia, inequidad, educación y concentración del ingreso. Cosas que, aunque afectan a la mayoría de los ciudadanos, no ocupaban la discusión nacional.

    Antes del proceso de paz, ahondar en soluciones para los problemas nacionales, más allá del conflicto, era accesorio y no determinante. Ahora, asegura el profesor Deas, así sea con una paz parcial, los colombianos añoran una nueva política que plantee soluciones a los desafíos del diario vivir.

    Deas también explica, como otro efecto del proceso de paz, la posibilidad de discutir sin estigmatizaciones las ideas y el modelo de gobierno que propone la izquierda. Según el académico, sin la guerrilla, teóricamente brazo armado de la izquierda radical, se abren las compuertas para que una nueva visión de la manera de gobernar sea evaluada por el electorado.

    Sobre el tema, en plena etapa de negociación, le preguntamos al entonces presidente Juan Manuel Santos acerca de una posible paradoja de la paz. Es decir, la posibilidad de que, como consecuencia del acuerdo con las Farc, se le estuviera entregando las llaves del país a la izquierda. El mandatario aceptó el escenario como una realidad, pero al mismo tiempo subrayó que la paz siempre es superior a cualquier desafío político.

    Petro entiende todo esto y lo imagina a su favor. Comprende que Colombia es uno de los pocos países en América Latina que hasta ahora no ha tenido un gobernante de izquierda y que, por lo tanto, es fácil señalar al grupo gobernante como el único y exclusivo culpable de los problemas y retos actuales. “La culpa la tienen ellos: asesinos, paramilitares, narcos y manipuladores. Yo soy el mesías, el salvador que viene a resucitar”, repite sin cesar como metáfora de sus expresiones.

    Pero peca en ambición al no mostrar empatía con la gente que en la calle pone la carne en el asador. Sin hacer llamados a la calma, sin prestarse como puente, revela sus verdaderos colores autocráticos y lleva a muchos a quitarse la venda de los ojos para entender que su propuesta no es la única alternativa antiestablecimiento y de esperanza de cambio.

    La izquierda no es absoluta, tiene matiz, y el radicalismo de Petro no es uno que la mayoría de los colombianos quiera apoyar. Sí, las encuestas lo muestran con 25 por ciento, pero también indican que hay otro 25 por ciento que no sabe aún por quién votar.

    Puede que todo esté dado para que sea el momento de la izquierda, pero Petro no es su única ni mejor opción.

    NAM/Semana

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