Lo cierto es que no poseemos la verdad, solo pedazos. Según la definición dada por W. Riso (2007:99), «Una mente flexible es aquella que no le teme a la controversia constructiva, acepta con naturalidad la crítica y el error y evita caer en posiciones dogmáticas».
La mente flexible tiene claro que no se pueden tomar todas las cosas en serio, y mucho menos a uno mismo. Sabe que ser flexible es natural y que el humor ocurre y se desarrolla precisamente al ver el lado cómico de nuestra imperfección, sin lastimar y sin burlarse… sin la pesada solemnidad y la pedantería de sentirte perfecto, intocable o especial. el perfeccionamiento sobra y nos impide fluir… No obstante, y como lo aclara el mismo autor, sin reirse demasiado y caer en la frivolidad.
De allí que es posible acercarnos a una vida más tranquila y felíz, intercambiando ideas y opiniones con personas que piensen de manera diferente, sin lastimar y ser lastimados, sin estrés, depresión o cualquier manifestación de hostilidad.
Esto es posible si aprendemos a convivir con nuestras diferencias y a respetarlas. En este sentido, voy a sugerir una estrategia sencilla que puede acercanos a esa vida tranquila y felíz (Apesar de las circunstancias, o, con todo y ellas). Claro, se trata de una opinión (La mía), sustentada y apoyada en la dicumentación y el aprendizaje profesional y de la vida.
Sugiero tomar en cuenta el valor del silencio. Se dice que el silencio tiene un valor, que consiste en: «Callar, cuando no se debe hablar y hablar cuando no se debe callar».
Esto lo podemos relacionar con algo que se llama «El Don de la Palabra», porque, tanto lo que decimos, como lo que dejemos de decir, lleva implícita nuestra responsabilidad. Hay muchas maneras de decir algo, comentario u opinión: con palabras, con la gestualidad (La proxémica) o, aún cuando no digamos nada, nos quedemos mudos… estamos diciendo algo, comunicamos.
En tiempos de cháchara, como ocurre en estos momentos en Venezuela, donde todo se vuelve una alharaca interpretativa, el valor del silencio es como un bálsamo. Es importante considerear las reglas de cortesía y comprender si es mejor hablar o callar, a fin de tener una escucha considerada y activa, porque en la comunicación humana habla y silencio se complementan.
¿Hay acaso un trasfondo en este tema? – Si que lo hay. Observo y leo frecuentemente, especialmente en comentarios por las redes sociales, frases y expresiones que ponen espanto, ya sea respecto a alguna noticia u opinión emitida por alguna persona o personalidad, sobre todo del mundo político.
Hay expresiones que por irrespetuosas son rechazadas, otras fuera de contexto o basadas en especulaciones alejadas de la verdad, o sin basamento conceptual de experiencia o de formación. Entonces, lejos de construir una opinión pública proactiva, una crítica sana o una contra opición, se produce gran cantidad de elementos tóxicos.
Sugiero también una mente flexible, que sin esconderse en el anonimato de las redes (La máscara), haga buen uso del amplio beneficio de contar con estas tecnologías al alcance de una gran mayoría de lectores de cualquier edad, condición, lugar o status.
Es bueno opinar y comentar aquello con lo que estamos de acuerdo o disentimos; pero es mucho mejor cuando se hace con interés constructivo, sano y respetuoso y sobre todo con conocimiento de causa. Hay que aprender a convivir en tiempos difíciles, cultivar la prudencia y cada día ser mejores conciudadanos, en este, nuestro país que se llama Venezuela y al que podemos ayudar a reconstruir y levantar también con el verbo.
La flexibilidad mental es capaz de generar más cambios constructivos hacia una mayor calidad de vida, que aquella que intenta imponer sus puntos de vista, constituyéndose en un problema para ellas mismas y para la sociedad donde residen.
Otra sugerencia es aprender a escuchar. Cuando recibimos un mensaje debemos buscar la mayor comprensión, ubicándolo es su contexto socio-espacial e histórico. Si somos reactivos, probablemente respondemos de inmediato y una vez hecho esto es difícil recoger el reguero que puede ocasionar.
Escuchar con calma, atentamente, aportamos elementos constructivos para comunicarnos. Repito, ¡el verbo también construye, la palabra tiene poder!
NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora
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