viernes 19 de abril de 2024

#OPINIÓN Los del medio (Maryclen Stelling)

Superado el trauma social del fin de la inocencia mediática, hoy día cuestionamos el papel, nada inocuo,  que desempeñan los medios tanto en la representación de la realidad  como en la forma de percibir el mundo.

No se trata de  simples observadores pasivos de la realidad, muy por el contrario, los medios  son activos participantes de los procesos sociales.

Se constituyen en el lugar de visibilidad o invisibilidad de hechos y actores; tienen el poder y la capacidad de instalar en la sociedad un tema, al igual que de minimizarlo o  desestimarlo; ocultarlo o ignorarlo.  La mediatización de ciertos asuntos –el reconocimiento, el reencuentro y el dialogo;  la polarización,  la radicalización y la confrontación;  la guerra y/o la paz–  constituyen decisiones de carácter político de unos medios que,  devenidos en actores políticos, intervienen e inciden intencionalmente en el debate público.

El momento político no es fácil de descifrar.  La ciudadanía comienza a reconocerse y reencontrarse en la crisis multidimensional en conjunción con el desgaste de la credibilidad y legitimidad de las elites políticas.   Un nuevo centro político tímidamente emerge  desde la desesperanza,   a partir de la tristeza y la sensación de abandono;  desde el cansancio,  el desgaste de la radicalización y del discurso político polarizante, aunado al foco en la destrucción del otro.

Curiosamente desde   las entrañas de la radicalización brota la necesidad de reencuentro, reconocimiento y de dialogo.

En paralelo brota lentamente un clamor ciudadano que demanda un nuevo enfoque comunicacional, un  tratamiento mediático que promueva estrategias de paz, que fomente la reducción de los niveles de violencia promovidos por el periodismo de guerra dominante. La ciudadanía despolarizada reclama y requiere un periodismo comprometido con  los procesos de resolución del conflicto, con la reconstrucción de la convivencia y la reconciliación.

La ciudadanía crítica  emergente cuestiona el manejo mediático que promueve la radicalización y fortalece  bandos irreconciliables;  que fomenta comportamientos agresivos, demoniza y estereotipa al adversario político; que desconoce, descalifica  o invisibiliza los procesos de diálogo y propuestas de paz en desarrollo.

Los del medio abogamos por unos medios que apuesten a la paz.

NAM/Maryclen Stelling @maryclens