miércoles 19 de junio de 2024

#OPINIÓN || La política, lo político y el político, diferenciando términos || Dra. Carmen Rosa Blanco

La comunicación humana es posible gracias a las palabras. Estas poseen significado emotivo y significado lógico. El primero se expresa en lenguaje poético como la poesía, cuyo significado va directamente al corazón, a los sentimientos. En el extremo contrario está el lenguaje lógico, el cual, en su construcción, sigue un procedimiento demostrativo riguroso, con un sujeto, un verbo, un predicado, una sintaxis, es decir, un lenguaje cognoscitivo. Se trata de un lenguaje especial.

En el campo de la política, la dimensión emotiva del lenguaje está asociada a la conexión especialmente ideológica-emotiva, que expresa el político (el líder) en forma apasionada y que logra capturar el interés de sus seguidores. Pero también se espera que el político haga uso del lenguaje lógico, poniendo a prueba su preparación y adiestramiento en el campo en el cual incursiona conforme a sus intereses: lo político.

Ambos lenguajes son importantes cuando nos comunicamos, porque, en cualquier caso, el lenguaje básico común, el lenguaje materno, siempre presente. La política como toda ciencia o disciplina, tiene un lenguaje especializado, inacabado y en construcción (Sello característico de las ciencias sociales).

Cuando se habla de la política, se habla de un saber de aplicación, un instrumento para intervenir sobre la realidad de que trata, mediante este saber se tiene la capacidad de analizar e interpretar esa realidad. Por eso se dice que la política es una ciencia empírica difícil de hacer.

El politólogo, estudioso de la política, hace ciencia política cuando observa, analiza y critica (crítica científica) e interpreta el quehacer político, el lenguaje de la práctica política, de los comportamientos del ciudadano o del político.

Esto lo hace mediante el lenguaje de su especialidad. En otras palabras, la política hace referencia  al estudio de la política, mientras que el político es quien hace práctica, hace política en la práctica, utilizando un lenguaje más emotivo que cognoscitivo.

Esto seguramente, el lector sabe diferenciar muy bien. Por ejemplo, como dice G. Sartori en esta analogía (1992:52) «Quien crea la medicina (ciencia pura) debe trasmitir sus conocimientos al médico que cura (ciencia aplicada). Está claro que quien hace avanzar la ciencia médica en el laboratorio, no se debe preocupar de que el enfermo lo comprenda; pero sí es indispensable llegar al enfermo».

No obstante, en la cotidianidad se oye con frecuencia expresiones como: «la política es lo peor que hay», «No me gusta la política, no soy político» «todo se daña cuando meten la política» y así sucesivamente… En estas expresiones está escondida una confusión terminológica como obstáculo comprensivo, y claro, no hay porqué pedirle al común que tenga esta claridad conceptual, pero no es ocioso un esfuerzo de clarificación que sacaría de apuros a la ciencia política.

Ahora bien, volvamos a advertir entonces, el cuidado que debe tener el político al momento de dar un discurso, que si bien es cierto debe tener una carga emotiva, no debe descuidar lo sustantivo que desea comunicar, es decir la sustancia de lo que propone, que es lo que en definitiva le interesa al público: la propuesta (el proyecto político, lo político) y la forma práctica de implementación y solución: ¿Qué es lo posible? ¿Qué es lo imposible?) o si se prefiere las limitaciones, en el tiempo y con los recursos disponibles (No solo materiales) desde el punto de vista práctico.

Bien sabemos que lo político requiere de un saber, pero también y muy necesario de de poder, que es lo que debe tener el político, es decir el poder de aplicarlo. Ojalá pudiera reunirse en uno solo el científico de la política y el político sin ciencia o procedente de otra ciencia.

El asunto no es tan complicado como parece, lo quiero acotar se refiere a  admitir lo conveniente que sería, que quien hace política, (el político) no debería ignorar al estudioso del hacer político (la política, el politólogo) a fin de conducir lo más acertadamente posible la intervención de los fenómenos políticos (lo político).

NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora

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