La humanidad hoy día tiene un gran reto: crear la paz, o caer en los horrores de la guerra. Así lo dijo Robert Muller, en su discurso como ganador del premio «Peace Educattion Award, en 1998, otorgado por la UNESCO, con motivo de la Conferencia de Yamoussuko.
La Constitución de la UNESCO establece lo siguiente: «Ya que las guerras comienzan en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben construirse las defensas de la paz». En el S. XXI estamos viviendo la presencia de las guerras.
Temas esenciales como el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente, la supervivencia de la democracia, las migraciones en masa, el calentamiento global, los derechos humanos, la pobreza, entre otros, copan la agenda mundial con impacto mínimo en los contextos reales.
Pero, ¿Será posible encontrar soluciones a problemáticas que comprometen la supervivencia de nuestro planeta y poder reconocer la necesidad que tenemos de vivir en paz con todos, a pesar de las diferencias?
En este sentido existe la mayoritaria creencia de que ésto es posible. Yo también lo creo. Es posible, si mediante la educación forjamos la paz en la mente de las personas. Nos referimos a la educación integral, (La Educere), en los diferentes espacios de la vida, desde el hogar, la escuela, las organizaciones y asociaciones, la comunidad, los espacios públicos.
Esos lugares donde seamos capaces de trascender los prejuicios de todo tipo, las doctrinas de desigualdad, los autoritarismos y fundamentalismos.
Es necesario tomar conciencia de la situación mundial y su impacto en las individualidades y en los colectivos y emprender el fascinante camino, que tome en cuenta, en forma práctica, y efectiva la cooperación, la ciencia, la cultura, las instituciones, las tradiciones, respetando y aceptando las diferencias.
Creo que la paz es algo que no es posible «enseñar» mediante lecciones o discursos. La paz es posible si logramos producir un cambio en las actitudes y comportamientos de los seres humanos, con una nueva visión holística del mundo, lo cual implica una transformación de la conciencia.
Es una tarea compleja porque tiene que ver con los arraigos; pero, necesario es prepararnos para vivir en paz, comenzar por la vida real, lo cotidiano, en la relación con el otro, nuestro prójimo. Cabe preguntarse, ¿Qué es la paz?
Existen diferentes conceptualizaciones sobre la paz. Siguiendo a Pierre Weil (1995) encontramos la concepción tradicional:
1) La paz como fenómeno externo a nosotros. En este nivel es vista como la ausencia de conflictos y de violencia, sustentada en teorías culturales, judiciales, socioeconómicas, militares y religiosas; como un estado de armonía y hermandad entre los pueblos y la naturaleza.
2) como fenómeno interno es vista como la ausencia o disolución de conflictos intrapsicológicos, (estado de armonía interior).
En el paradigma holítico la paz es vista como fenómeno externo e interno. Es el resultado de las convergencias de medidas relacionadas con la ecología interna, ecología social y ecología planetaria, sustentada en una complementariedad de teorías.
Quiero referir particularmente, una de las premisas del concepto judicial, que afirma: «Una guerra justa» y el dicho militar que se enseña en academias militares respecto a que: «Si uno quiere paz, debe prepararse para la guerra». En ambas afirmaciones se encuentra una paradoja implícita, pues creo que el papel de las fuerzas armadas no sería prepararse para la guerra, sino para mantener la paz. En el paradigma ecológico afirmaríamos la paz, debemos prepararnos para la paz.
No obstante, como puede verse, vivir en paz no es un discurso político, judicial, ni social, ni nacionalista, porque como hemos dicho antes la paz no se enseña, ello sería contrario a los postulados del nuevo paradigma, creemos que la paz se practica, se vive en cualquier acto o comportamiento humano, de allí la afirmación de que es posible.
En conclusión, creo que no es necesario parcializarse o plegarse rígidamente a alguna de las concepciones presentadas aquí brevemente. Lo que propongo es la complementariedad de los diferentes enfoques, porque en cada uno de ellos, debe existir debilidades, fortalezas y oportunidades para aprender, corregir y mejorar, hacia un camino pacifista, un camino posible de vivir en paz.
NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora
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